De haber considerado estos burladores la terrible venganza con la que Dios barrió de una vez a todo un mundo de hombres impíos, seguramente no se habrían burlado de su amenaza de un juicio igualmente terrible. Los cielos y la tierra que ahora existen, por la misma palabra, se declara, serán destruidos por el fuego. Esto ha de venir con tanta certeza como la verdad y el poder de Dios pueden hacerlo. Aquí se enseña a los cristianos y se les confirma en la verdad de la venida del Señor. Aunque, según el cómputo de los hombres, hay una gran diferencia entre un día y mil años, sin embargo, según el cómputo de Dios, no hay ninguna diferencia. Todas las cosas pasadas, presentes y futuras están siempre ante él: el aplazamiento de mil años no puede ser para él tanto como lo es para nosotros aplazar algo por un día o por una hora. Si los hombres no tienen conocimiento ni fe en el Dios eterno, serán muy propensos a pensar que él es tal como ellos mismos. ¡Cuán difícil es formarse pensamiento alguno de la eternidad! Lo que los hombres tienen por tardanza es paciencia, y eso para con nosotros; es dar más tiempo a su propio pueblo, para que avance en conocimiento y santidad, y en el ejercicio de la fe y la paciencia, para que abunde en buenas obras, haciendo y sufriendo aquello a lo que es llamado, a fin de que glorifique a Dios. Asegurad, pues, en vuestros corazones que ciertamente seréis llamados a dar cuenta de todo lo hecho en el cuerpo, sea bueno o sea malo. Y que un andar humilde y diligente ante Dios, y un frecuente juicio de vosotros mismos, muestre una firme creencia en el juicio venidero, aunque muchos viven como si nunca hubieran de dar cuenta alguna. Este día vendrá, cuando los hombres estén seguros y sin expectativa alguna del día del Señor. Los soberbios palacios y todas las cosas deseables en las que los hombres de mente mundana buscan y colocan su felicidad serán quemados; toda clase de criaturas que Dios ha hecho, y todas las obras de los hombres, han de pasar por el fuego, que será un fuego consumidor para todo lo que el pecado ha traído al mundo, aunque un fuego refinador para las obras de la mano de Dios. ¿Qué será de nosotros, si fijamos nuestros afectos en esta tierra y la hacemos nuestra porción, viendo que todas estas cosas serán quemadas? Aseguraos, pues, de una felicidad más allá de este mundo visible.
De allí se infiere la necesidad de santidad y de firmeza en la fe (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — 2 Peter 3:5-10
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.