El pecado es una mancha leprosa. Hace inmundo todo lo que tocamos. Así, en todo hombre por naturaleza, hay una lepra corrosiva de pecado: soberbia, incredulidad, lujuria, etc. Estas son manchas leprosas.
El pecado es algo que contamina: nos tiñe de rojo con culpa — ¡y de negro con inmundicia! El pecado es comparado a un paño menstrual.
El pecado dibuja el retrato del Diablo en un hombre: la malicia es el ojo del Diablo; la opresión es su mano; la hipocresía es su pie hendido.
Al fin llega la muerte — ¡y el santo queda libre de la lepra! La muerte es el último y mejor médico, que cura todas las enfermedades y todos los pecados — la cabeza que duele y el corazón que no cree. El pecado fue la partera que trajo la muerte al mundo; ¡y la muerte será la tumba que sepulte al pecado! ¡Oh, el privilegio de un creyente!
Los persas tenían cierto día al año en el que solían matar a todas las serpientes y criaturas venenosas. Un día como ese será el día de la muerte para el verdadero cristiano. Ese día la antigua serpiente muere en el creyente, ¡la que tantas veces lo ha picado con tentaciones! Ese día los pecados de los justos — estas criaturas venenosas — serán todos destruidos.
Fuente y atribución
Autor original: Thomas Watson
Título original: These venomous creatures!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Watson, publicado originalmente en Grace Gems.