¡La piedra era un diamante!
Uno de los grandes campos de diamantes de Sudáfrica fue descubierto de esta manera tan interesante: Un día, un viajero entró en el valle y se detuvo ante la puerta de un colono, donde un muchacho se entretenía lanzando piedras. Una de las piedras cayó a los pies del visitante; él la recogió y estaba a punto de devolverla al muchacho cuando vio en ella un destello de luz que llamó su atención e hizo latir su corazón con ansiosa sorpresa.
¡La piedra era un diamante! El muchacho no tenía idea de su valor; para él era solo un juguete. Pero a los ojos del hombre entendido, una gema de valor sorprendente se revelaba bajo aquella cubierta áspera.
Así ocurre que muchos de los acontecimientos de la Divina Providencia ante los ojos comunes parecen poco interesantes, sin sentido y, con frecuencia, incluso adversos y poco amables. Sin embargo, en cada acontecimiento va envuelto un tesoro divino de bien y de bendición para el hijo de Dios. Solo necesitamos ojos de fe cristiana para hallar, en cada experiencia dolorosa, una ayuda para nuestra vida espiritual. Gemas preciosas de la más rara bendición se encierran en las cortezas ásperas de la dificultad, el cuidado, la pérdida y la prueba, con las que nos vamos encontrando constantemente en el camino de la vida.
Cuando lleguemos a nuestro hogar celestial, comprobaremos que muchas de las cosas de las que nos hemos apartado como si fueran males han sido en realidad las portadoras de nuestros más ricos tesoros de bien.
«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.» Romanos 8:28
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: The stone was a diamond!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.