Cuando Jacob estaba al otro lado del arroyo de Jaboc, y Esaú venía con hombres armados, buscó con anhelo la protección de Dios y, como razón principal, alegó: "Y Tú dijiste: Yo te haré bien." ¡Oh, la fuerza de ese ruego! Estaba sosteniendo a Dios por su palabra: "Tú dijiste." El atributo de la fidelidad de Dios es un espléndido cuerno del altar del cual asirse; pero la promesa de Dios, que encierra en sí el atributo y algo más, es un asidero aún más poderoso: "Tú dijiste: Yo te haré bien." ¿Lo ha dicho, y no lo hará? "Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso." ¿No será Él veraz? ¿No guardará su Palabra? ¿No permanecerá firme y se cumplirá toda palabra que sale de sus labios?
Salomón, en la dedicación del templo, usó este mismo poderoso ruego. Suplicó a Dios que se acordara de la palabra que había hablado a su padre David, y que bendijera aquel lugar. Cuando un hombre otorga un pagaré, su honor queda comprometido; firma su mano y debe liquidarlo cuando llegue el tiempo señalado, o de lo contrario pierde su crédito. Nunca se dirá que Dios deshonra sus documentos. El crédito del Altísimo jamás ha sido cuestionado, ni jamás lo será. Él es puntual al momento: nunca se adelanta a su hora, pero nunca se retrasa.
Recorre de lado a lado la Palabra de Dios, compárala con la experiencia del pueblo de Dios, y encontrarás que ambas concuerdan de principio a fin. Muchos patriarcas venerables han dicho con Josué: "Ninguna de las buenas palabras que el Señor tu Dios habló acerca de ti ha fallado; todas se han cumplido." Si tienes una promesa divina, no necesitas alegarla con un "si", puedes reivindicarla con certeza. El Señor se proponía cumplir la promesa, o no la habría dado. Dios no da sus palabras meramente para calmarnos y mantenernos con esperanza por un tiempo, con la intención de despedirnos al final; sino que cuando Él habla, es porque se propone hacer como ha dicho.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: April 18 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.