Destellos desde las ventanas de la vida

El Dios que se entrega a quien le pide

Si las riquezas terrenales se otorgaran con solo pedirlas, todos acudirían; sin embargo, los bienes eternos del amor y la gracia divinos también están disponibles para quien los solicita, y pocos los buscan.

Si Dios anunciara que daría oro a todo el que se lo pidiera, ¿cuántos seguirían siendo pobres? ¿No se apiolarían perpetuamente las puertas del cielo con buscadores de aquel deslumbrante don? Si coronas, honores y premios terrenales se prometieran con solo pedirlos, ¿quién no los solicitaría?

Ahora bien, todas las cosas gloriosas del amor y la gracia divinos pueden obtenerse simplemente con pedirlas. ¿Acaso parece posible que alguien deje entonces de pedir? ¿Será porque se trata de un bien espiritual que tan pocos lo solicitan? ¿O es que los hombres, en su loca carrera tras el dinero y el poder, saben en realidad que al propio Dios se le puede obtener con solo pedirlo? Se afanan, se sacrifican, desgastan sus vidas y pierden sus almas para ganar riquezas perecederas; cuando, cayendo de rodillas, volviendo sus ojos hacia Dios y elevando a Él un clamor sincero, recibirían posesiones eternas, coronas imperecederas y tesoros.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: He would give gold to everyone who would ask Him

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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