Jonás había fracasado la primera vez, pero Dios le dio una segunda oportunidad. Esto revela la paciencia divina. La justicia estricta habría dejado a Jonás en el fondo del mar o en el vientre del gran pez; pero Dios fue misericordioso con él. Había pasado ya por una disciplina que lo dejó dispuesto a obedecer.
Esa es la manera en que Dios trata con frecuencia a las personas. Cuando se rebelan o le desobedecen, no las rechaza, sino que las somete a alguna disciplina, a veces dolorosa y severa, para enseñarles obediencia, y luego las prueba de nuevo. Muchos de nosotros necesitamos ser llevados al deber a fuerza de azotes; pero ¡qué bendición tan grande que Dios sea tan paciente con nosotros! La mayor parte de lo que somos lo debemos a las disciplinas de Dios. «Porque el Señor disciplina al que ama, y azota a todo hijo que recibe» (Hebreos 12:6). Así aun nuestros pecados pueden volverse bendiciones para nosotros.
Debemos agradecer mucho a Dios por esas segundas oportunidades que nos concede cuando hemos desperdiciado la primera. Pocos llegan a hacer de su vida lo que Dios quería al principio. Entonces Él les pone otra lección delante para que lo intenten de nuevo. Acaso la segunda no sea tan hermosa ni tan noble como la primera; con todo, es buena, y si son fieles y diligentes, aun pueden hacer algo digno de su vida. La mayoría de nosotros necesita ser enviado más de una vez en los encargos de Dios. Felices somos si obedecemos al segundo llamamiento, aunque mucho mejor sería ir al primero.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - August 21
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.