No podemos conocer la naturaleza, aunque sí la necesidad, del don de Dios, hasta que experimentamos su poder revelado y derramado en nuestra alma. Entonces conocemos alguna medida del don de Dios cuando sentimos la vida eterna fluir por nuestras venas espirituales. ¿Cómo sé que vivo naturalmente? ¿Acaso mi participación en la vida natural no me es conocida por una conciencia interna de que la poseo? Sé que vivo porque siento que vivo. Y así, si tenemos vida espiritual, habrá, a veces y en ciertas temporadas, una conciencia interna de que la tenemos; sentiremos el latido del corazón espiritual, el respirar de los pulmones espirituales, el ver de los ojos espirituales y el oír de los oídos espirituales; en una palabra, seremos interiormente conscientes de aquellas emociones y sensaciones propias de la vida de Dios en el alma. La vida espiritual será vista en su propia luz, sentida en su propio poder y resplandecerá en su propio testimonio.
Lo poco que sí conocemos —y es en verdad, por lo general, bien poco— nos hace anhelar más de ella. Si alguna vez hemos recibido «el don de Dios» en nuestra conciencia; si alguna vez hemos sentido la misteriosa operación de la vida divina en nuestros corazones; si alguna vez hemos conocido las dulces emociones y sensaciones peculiares con que se manifiesta, eso nos ha muerto a toda otra religión; y, como una medida de vida divina ha fluido al corazón desde la plenitud del Hijo de Dios, no queremos otra religión sino la que se funda en el poder de Dios; por ella sola podemos vivir, y por ella sola sentimos que podemos morir.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: August 24
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.