«Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros.» Juan 14:16-17
Cuando Dios diseñó la gran y gloriosa obra de restaurar al hombre caído y salvar a los pecadores, «para alabanza de la gloria de su gracia», dispuso, en su sabiduría infinita, dos grandes medios para ello. El uno fue el dar a su Hijo por ellos, y el otro fue el dar a su Espíritu a ellos. Por este medio se abrió camino para la manifestación de la gloria de toda la bienaventurada Trinidad.
De este modo se hicieron gloriosamente conspicuos el amor, la gracia y la sabiduría del Padre —en el diseño y disposición de todo—; el amor, la gracia y la condescendencia del Hijo —en la ejecución, compra y consecución de la gracia y la salvación para los pecadores—; junto con el amor, la gracia y el poder del Espíritu Santo —en la aplicación eficaz de todo esto a las almas de los hombres. ¡A estas cabezas pueden reducirse todas las promesas de Dios!
¡Dichosa la Iglesia porque el Espíritu ha de permanecer con ella para siempre! ¡Solemnísimo es pensar que el mundo no convertido no recibe al Espíritu!
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — February 9
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.