Porciones diarias

El Espíritu que escudriña lo profundo de Dios

En cada texto aplicado hay un abismo de tesoros celestiales. El Espíritu escudriña las profundidades de la sangre de Cristo, de su amor y de la gracia escondida en el corazón del creyente, para sacarlas a la luz.

El Espíritu de Dios que habita en el hombre, haciendo de su cuerpo su templo, escudriña lo profundo de Dios; pues en estas cosas profundas hay un tesoro celestial que debe ser buscado para ser hallado. ¡Qué profundidades descubrimos a veces en un solo texto de la Escritura abierto al entendimiento o aplicado al corazón! ¡Qué profundidad en la sangre de Cristo, que limpia de todo pecado, y si de todo pecado, ha de limpiar millones de los más sucios pecados de los más sucios pecadores! ¡Qué profundidad en su amor sangrante y moribundo, que pudo descender tan bajo para levantarnos tan alto! ¡Qué profundidad en los eternos consejos y la inefable sabiduría de Dios, que concibió un plan cumplido en la encarnación y muerte de su amado Hijo, donde misericordia y justicia se encuentran sin discordia, todo atributo divino es honrado y los que merecían el infierno son levantados al gozo del cielo!

Qué profundidades hay también en nuestro propio corazón, no sólo de pecado sino de gracia, pues la verdadera religión tiene sus profundidades que el Espíritu escudriña y saca a la luz. Si tenemos fe, yace muy honda, escondida en el corazón y a veces tan oculta que casi desaparece; el Espíritu la busca, la saca y la levanta. Si tenemos amor, hunde su raíz en lo más recóndito de nuestros afectos y necesita ser escudriñado. Si tenemos esperanza, yace como ancla en el fondo del mar y ha de ser buscada para que se manifieste que es firme y segura y entra dentro del velo.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: June 26

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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