Revelación significa literalmente un descorrer o quitar el velo de un objeto oculto o cubierto. Se usa, por tanto, a veces en el sentido de manifestar, dar a conocer o sacar a la luz lo que antes estaba escondido en tinieblas y oscuridad. Esta revelación es, pues, ya sea externa en la palabra, ya interna en el alma, y ambas se corresponden estrictamente y son contrapartes la una de la otra. Apenas, por el poder de la gracia divina, un pobre pecador gentil se vuelve al Señor, el Espíritu de revelación quita el velo de las Escrituras y de su corazón.
¿No lo hemos hallado así? ¡Qué libro sellado era una vez la palabra de Dios para nosotros! Cómo la leíamos u oíamos sin un solo rayo de luz que iluminara la página oscura, y qué velo tan grueso había de ignorancia, incredulidad, prejuicio, justicia propia e impenitencia sobre nuestro corazón. Pero el graciosos Espíritu de revelación quitó este doble velo y, dándonos la luz de la vida, hizo de la palabra de Dios un libro nuevo y nos dio un corazón nuevo; y desde aquel día en que la entrada de su palabra nos dio luz, la palabra ha sido lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino.
Pero el Espíritu de revelación se da principalmente para conducirnos a un conocimiento espiritual, experimental y salvador de Cristo. Sin este bendito Espíritu de revelación, Cristo no puede ser conocido efectiva y salvadoramente. Por eso, cuando Pedro hizo aquella noble confesión de su fe en Cristo como «el Hijo del Dios viviente», el Señor le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos».
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: July 23
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.