La muerte en el pecado es, por supuesto, una figura, y debe interpretarse como tal; pues su significado es la muerte moral, y por muerte moral entendemos la ausencia total de todo lo santo, celestial, espiritual y divino —la falta entera de participación y conformidad con la vida que Dios vive como esencial y eternamente santa, pura, sabia y buena, y que habita para siempre en la luz gloriosa de sus propias perfecciones infinitas. Estar muerto, pues, es no tener parte ni suerte presente con Dios; ningún conocimiento de él, ninguna fe, ninguna confianza, ninguna esperanza en él; ningún sentido de su presencia, ninguna reverencia de su majestad temible; ningún deseo tras él ni inclinación hacia él; ningún temblor ante su palabra, ninguna reliance en su promesa, ningún anhelo de su gracia, ningún cuidado ni preocupación por su gloria.
Es ser como una bestia delante de él, intencionada, como un bruto, en satisfacer los apetitos de la concupiscencia o los movimientos de la mera pasión animal, sin pensamiento ni preocupación de cuál será el resultado, y empeñado en llevar a la acción todo propósito egoísta, como si fuéramos nuestros propios creadores, y fuéramos nuestro propio juez, nuestro propio señor y nuestro propio Dios. ¡Oh, qué estado tan terrible es estar así muerto en el pecado, y no saberlo, no sentirlo, no ser de ningún modo sensible de su peligro presente y su fin cierto, a menos que seamos librados de él por un acto poderoso de soberana potestad! Es esta falta de todo sentido y sentimiento lo que hace que la muerte del alma sea una representación, y a la vez un preludio, de aquella segunda muerte que se extiende por una eternidad sin límites.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: January 27
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.