Nada hay más claro que esto: el hombre debe ser una nueva criatura si quiere gozar del cielo. Dios no podría hacerte feliz sin hacerte semejante a Él. Debe darte nuevos deseos, nuevos principios; debe crearte «nueva criatura en Cristo Jesús». Y debes averiguar si este gran cambio ha pasado sobre ti. La pregunta debe ser: ¿He «pasado de muerte a vida»? ¿Ha sido herido mi corazón por el pecado, quebrantado por el Espíritu Santo? ¿He venido como pobre pecador culpable al Señor Jesucristo? No des todo esto por sentado, sino examínate y mira si tu corazón ha sido puesto sobre el altar de Dios, si es un «corazón contrito y humillado, que Él no desprecia». Examínate para averiguar la existencia del amor a Dios y de la fe en el Señor Jesucristo. Ciertamente «el amor es el cumplimiento de la ley». La enemistad contra Dios es el gran rasgo de la mente carnal; el amor a Dios es el gran rasgo de la mente renovada. ¿Sientes que el nombre de Jesús produce un estremecimiento de gozo en tu alma? ¿Amas a Dios porque es santo y porque es justo? ¿Es el supremo deseo de tu corazón que Dios te gobierne y que tú te sometas a Él? Examina tu propio corazón en estas cosas.
Examina también tu corazón en cuanto a sus principios rectores. Hay muchas cosas engañosas en el mundo: el viento es engañoso, el mar es engañoso; pero lo más engañoso de todo es el corazón humano. Dios escudriña el corazón y mira todos los principios por los que somos gobernados; y ningún servicio es aceptable a sus ojos si no brota de motivos rectos. ¡Oh, cuánta búsqueda de sí mismo, cuánta complacencia propia, cuánto deseo de aprobación humana hay en todas nuestras acciones! Pero pregúntate: ¿Está gobernado mi corazón por el amor al Señor Jesús y por el temor de Dios? ¿Puedo descubrir mi corazón en esta acción como bajo la mirada de quien penetra mis pensamientos más íntimos? Examina tu corazón, pues, y mira cuáles son los principios que te mueven. Si son falsos, deséchalos, y pide a Dios que destruya el poder del pecado en ti y te gobierne por su amor. Ningún servicio puede ser aceptable sino el que brota del amor a Él y del sencillo deseo de su gloria. Mas ¡cuán aceptable es entonces aun la más pequeña ofrenda! Puede ser solo «el óbolo de la viuda» o «un vaso de agua fría», pero es agradable a la vista de Dios; porque «Jehová no mira lo que mira el hombre; el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - February 22
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.