Palabras diarias para los peregrinos de Sion

El fruto excelente y amable de la tierra

El fruto de la tierra es el santo fruto que creció sobre el Renuevo durante los días de la carne de Cristo: su sangre, su justicia, su amor y su resurrección, excelente y amable para los escapados de Israel.

Por "el fruto de la tierra" podemos entender aquel fruto grato y santo que creció sobre el Renuevo; y parece llamarse "fruto de la tierra" porque apareció en la tierra cuando nuestro Señor estuvo allí. Así, no solo todas sus palabras, obras y caminos, todas las parábolas, doctrinas, preceptos y promesas pronunciados por la boca del Hijo de Dios en los días de su carne, sino también todos los beneficios y bendiciones que brotan por la vía de la redención de su Persona compuesta y crecen, por así decirlo, como santo fruto de él como Renuevo (tales como su sangre expiatoria, su gloriosa justicia, su amor hasta la muerte, su resurrección y ascensión, y su poder para salvar hasta lo sumo a todos los que se acercan a Dios por él), todo puede considerarse "fruto de la tierra", porque fue obrado por él en y sobre la tierra, y realizado en los días de su carne cuando sus pies graciosos pisaban este globo terrenal.

Este fruto es "excelente" para los escapados de Israel. En él se advierte una excelencia divina. Por tanto, no se le halla ni sombra de defecto. Es perfecto en todas sus partes, cabal hasta lo más íntimo, y por ello visto como excelente, en cuanto glorifica tan grandemente a Dios y se adapta tan plenamente a toda necesidad y miseria de los que son dejados en Sion y permanecen en Jerusalén. Y "amable" también. En sus sufrimientos, en su derramamiento de sangre, en su obediencia, en su santa vida y en su muerte expiatoria hay una belleza que todo lo supera, porque en ellos resplandecen una gloria divina y una hermosura celestial. Es, en efecto, la misma palabra que se traduce "hermosura" en las santas vestiduras que Moisés hizo para Aarón (Éxodo 28:2), con las cuales, vestido, ministraba delante del Señor cuando entraba en el lugar santo. Así nuestro gran Sumo Sacerdote ministra ahora dentro del velo en la santidad y hermosura de su humanidad glorificada; y cuando esto es visto y apprehendido por la fe, la Iglesia canta: "Debajo de su sombra me senté con gran deleite, y su fruto fue dulce a mi paladar." "Grande es su gloria en tu salvación; honra y majestad has puesto sobre él."

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: May 4

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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