El creyente suele comenzar su camino espiritual con vistas superficiales y defectuosas de la perfecta suficiencia y gloria de la justicia justificadora del Redentor. Es cierto que hay una medida de renuncia a sí mismo, una recepción de Cristo y un dulce gozo de su aceptación; pero su conocimiento de sí y de la necesidad absoluta, suprema y gloriosa de la obra acabada de Cristo es casi nada comparado con lo que aprenderá después. Dios quiere que la justicia de su Hijo sea reconocida y sentida como el todo. Es una obra grande, gloriosa y consumada, y él hará que sus santos lo sepan. Es su único método para salvar pecadores, y el pecador salvado lo reconocerá no solo en su juicio, sino desde una profunda experiencia del corazón, «para alabanza de la gloria de su gracia».
Es en las etapas sucesivas de la experiencia donde el creyente ve con más claridad, adora con más profundidad y abraza con más firmeza la justicia acabada de Cristo. ¿Y cuál es la escuela en que aprende su propia nada, su pobreza, su total indigencia? La escuela de la aflicción profunda y santificada. En ninguna otra se aprende, ni bajo otro maestro que Dios. Allí sus pensamientos altivos son humillados y solo el Señor es ensalzado. Allí su espíritu orgulloso es abatido, su espíritu rebelde domado, su espíritu inquieto serenado, y brota el humilde reconocimiento: «Yo soy vil». Así, vaciado del todo de sí, de su complacencia y de su confianza propia, queda dispuesto para el Salvador pleno. El Espíritu bendito le abre entonces la suficiencia, la plenitud y la gloria infinita de la justicia de Cristo, y lo conduce a descansar en ella como nunca antes. Oh, creyentes probados, no murmuréis de los tratos de Dios. ¿Os ha puesto en el horno? ¿Ha secado el arroyo? ¿Ha pedido vuestro Isaac? Bendecidle por el modo en que os vacía de vosotros mismos para llenaros de su amor. Es su manera de enseñaros y disponeros para la herencia de los santos en luz. ¿No permitiréis que él escoja su propio plan? Estáis en sus manos, y ¿podríais estar en mejores? Si ahora aprendéis vuestra pobreza y desamparo, y la sangre y justicia de Jesús os son más preciosas a la fe, alabadle por vuestras aflicciones, porque todas estas dispensaciones adversas obran ya, en este mismo momento, para vuestro bien espiritual.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Morning Thoughts - November 18
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.