El secreto del gozo

El gozo cristiano no es un estado de ánimo

El gozo cristiano no depende del temperamento ni de las circunstancias, sino de la gracia que transforma la tristeza natural en canciones, incluso en medio del dolor y la prisión.

El gozo no es un mero privilegio para el cristiano, una cualidad que puede tener o no en su vida, según su estado de ánimo particular. No es asunto simplemente de temperamento. Algunos cristianos tratan de excusarse por ser tan infelices gran parte del tiempo, tan fácilmente abatidos y desanimados, alegando su disposición natural; no nacieron con un carácter alegre como este o aquel amigo que mencionan. Otros alegan una salud deprimida; son enfermos, o padecen una enfermedad que los mantiene abatidos. Pero ninguna de estas excusas servirá, pues no es con la naturaleza, sino con la gracia, con lo que tenemos que vernos.

Si uno es naturalmente apagado o sombrío, el estado triste debe ser convertido en gozo cristiano. El gozo cristiano es, muchas veces, tristeza conquistada. El Espíritu de Dios cambia nuestra naturaleza. No debemos seguir nuestros impulsos naturales, alegrándonos o entristeciéndonos según nos sintamos en el momento. Debemos estar siempre gozosos. Si nos encontramos faltos de este elemento, no debemos conformarnos con permanecer así, faltos de una cualidad tan vital de la semejanza con Cristo, sino que debemos ponernos a suplir lo que falta en nuestro carácter, hasta que brillemos como nuestro Maestro.

Uno de los incidentes más extraordinarios de la Biblia es la historia de Pablo y uno de sus amigos, a quienes una vez se oyó cantar en un calabozo a medianoche. No podemos explicar diciendo que estos hombres eran de un estado de ánimo naturalmente jovial, que no podían evitar el cantar. La jovialidad de ánimo difícilmente explicaría una experiencia tan inusual. Tampoco podemos decir que aquella noche en particular estaban experimentando algún tipo de éxtasis; no había nada en su condición que inspirara éxtasis o arrobamiento. Leemos la historia completa, y aprendemos que eran prisioneros, que el día anterior habían sido azotados con un látigo hasta que sus espaldas quedaron terriblemente laceradas, que luego habían sido arrastrados a la más inmunda mazmorra de una antigua prisión romana y arrojados en ella, y que, para aumentar su tormento, les habían sujetado los pies en el cepo de madera. Esta era su condición cuando los presos de las salas superiores de la prisión los oyeron cantar. Aquello era gozo cristiano. No era naturaleza humana. Tenían algo en el corazón que vencía la naturaleza humana, y convertía sus gritos de dolor en canciones. Era el gozo de Cristo que estaba en ellos, y que triunfó sobre todo su dolor y sufrimiento. «Dios mi Hacedor, que da canciones en la noche!» Job 35:10

Este es el tipo de gozo que debemos procurar tener, algo que brille tanto más luminosamente en la oscuridad, y cante tanto más dulcemente en el dolor o la prueba. Esta clase de gozo es particularmente una experiencia cristiana; los incrédulos nada saben de ella.

No debemos suponer que solo los apóstoles podían regocijarse en tal dolor. Miles de creyentes en Cristo, en toda época y en la nuestra, tienen un gozo que nada puede quebrantar ni perturbar. Experimentan pérdidas terrenales, pero saben que sus posesiones verdaderas están guardadas en el Cielo, donde ni la polilla puede corromper ni ladrón alguno robar; y se regocijan en esta seguridad de su herencia. Tienen pesares que casi les parten el corazón; pero cantan en su cámara de dolor, porque poseen los consuelos del amor y la gracia divinos, que los fortalecen para soportar. Sufren aflicción de muchas formas, pero ningún dolor apaga su gozo cristiano.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Christian Gladness Not a Mood

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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