Sí, Dios se deleita en el pueblo de su amor. Le son preciosos, inconcebiblemente preciosos, para su corazón, y los guarda como a la niña de su ojo. A sus propios ojos pueden parecer viles, contaminados y sin valor; pero vistos por Él en Jesús, puede y dice a cada uno: «Tú eres toda hermosa, amada mía; yo no veo mancha en ti». Descansando en Jesús, el Hijo de su amor, Él reposa en su pueblo, objeto de su amor. Puede afligirlos y castigarlos, reprenderlos y probarlos, o permitir que sean duramente asediados; puede incluso esconder su rostro por un breve momento y hablarles con aparente dureza, como José a sus hermanos; puede trastornar sus lugares de descanso y esparcir sus consuelos humanos al viento. No obstante, santos de Dios, «el Señor tu Dios está en medio de ti, poderoso; Él salvará, se regocijará sobre ti con alegría, descansará en su amor y se gozará sobre ti con cánticos».
Dios se deleita en manifestar su amor. Aun en nuestro estado caído, con nuestros afectos dañados aferrándose a nosotros como la hiedra verde sobre una ruina espléndida, podemos comprender algo de este sentir. Si el amor existe, ¿qué corazón puede ocultar el afecto? De algún modo ha de expresar lo que siente. ¡Cuánto más en Dios! Consideremos, si nos es posible, el santo deleite del corazón divino al derramar su afecto sobre su pueblo, el gozo de Cristo cuando se manifiesta a sus santos como no lo hace al mundo. Puesto que el Padre se complace en abrir los manantiales de su amor y llenar el corazón hasta desbordar, tomemos nuestro corazón pobre, tímido y dudoso, y coloquémoslo bajo esos manantiales, para que sea perfeccionado en amor; y perfeccionado en el amor, todo temor servil será echado fuera.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - March 31
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.