Había muchos pasos dolorosos que dar antes de que nuestro Señor pudiera alcanzar esta hora bendita y ser recibido en la gloria celestial. El futuro inmediato estaba lleno de una lucha, una pérdida y un dolor insondables. Sin embargo, en aquellas alturas lejanas, sus ojos veían el resplandor del cielo, con sus puertas abiertas y su bienvenida al hogar. Pero antes de que sus pies pudieran entrar por el portal resplandeciente, había una amplia llanura de batalla que atravesar, y estaba llena de enemigos. Hubo días de afán y noches de soledad. Al fin debía pasar por la sombría oscuridad de Getsemaní, y luego recorrer toda la Vía Dolorosa que conducía al Calvario. Tenía que morir y descender a la sepultura. Todo esto antes de poder ser recibido en el cielo.
Pero él no dejaba que su mirada se detuviera en las sombras que yacían en el valle, sino que la alzaba hacia la cima del monte más allá, donde resplandecían los esplendores del cielo. Manteniendo siempre sus pensamientos puestos en las glorias que serían suyas cuando hubiera terminado el viaje, miró más allá de los afanes y de las lágrimas, y no desmayó.
Aquí hay un secreto maravilloso que todos nosotros deberíamos aprender: no pensar tanto en el afán y la dureza del camino, sino mirar más allá a la gloria del fin. No importa cuán largo ni cuán escabroso sea el camino, si al final nos conduce al hogar celestial.
Muchos de nosotros vivimos afanados a lo largo de esta vida, manteniendo siempre la mirada baja sobre el sendero que pisamos. Vemos todas las dificultades, los problemas y los desánimos, pero nunca alzamos los ojos para contemplar los goces eternos y las bendiciones que nos esperan. Debemos aprender este secreto de vida que hizo que Cristo mirara más allá de la vergüenza y el dolor de su cruz, y contemplara la gloria que estaba más allá. Aprendamos a levantar los ojos hacia el cielo. Pensemos en sus goces, en su bienaventuranza, hasta que las pruebas de la tierra se desvanezcan en el resplandor, y sus pesares y pérdidas queden olvidados en la esperanza de la gloria celestial.
"Fijemos la mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y se sentó a la diestra del trono de Dios" (Hebreos 12:2).
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: The Joy Set before Him
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.