Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

El Gran Médico que sana a todo el que se acerca con fe

Las maquinaciones de los enemigos no detuvieron el bien que Jesús hacía. Quienes desprecian sus dones los pierden, mientras otros los reciben con gozo; basta un toque de fe para ser sanados.

Aunque las intrigas de sus enemigos sacaron a Jesús de la ciudad, no detuvieron su obra de hacer el bien. Aunque algunos rechazaron su amor, su corazón no se cerró. Capernaum perdió mucho cuando Él salió por sus puertas, pero sobre las multitudes que le seguían cayeron las abundantes bendiciones.

Esa es muchas veces la manera de proceder del amor divino. Los dones que Cristo lleva en sus manos son rechazados por aquellos a quienes primero se ofrecen, pero luego son llevados a otros que los reciben con alegría. La persecución, por lo general, esparce la semilla que pretende destruir. Cuando los primeros cristianos fueron expulsados de Jerusalén, fue solo para llevar la palabra a todos los países vecinos a los que huían. Ellos «iban por todas partes predicando». La oposición nunca debería silenciar los labios que llevan las palabras de vida. Si alguien nos rechaza y nos desprecia, entonces debemos llevar nuestro mensaje a otro.

El cuadro de la gente que se agolpa alrededor de Cristo, que se apriuja contra Él, cada uno luchando ansiosamente por tocarle, es muy gráfico y vívido. Bastaba un toque. Todos los que le tocaban quedaban sanos. La vida y la salud fluían hacia los cuerpos enfermos cuando los dedos temblorosos entraban en contacto con el Sanador, aun con sus vestiduras.

Así, un toque siempre es suficiente. Cualquiera que realmente toca a Cristo es sanado. Pero debemos asegurarnos de tocarle. No basta con estar en la multitud que se congrega alrededor de Él. Solo son sanados aquellos cuya fe los pone verdaderamente en contacto con Él. No basta con estar en la congregación que adora. Alguien sentado o arrodillado a nuestro lado puede recibir una gran bendición, mientras nosotros no recibimos ninguna. Eso ocurre porque él extiende su mano de fe y toca a Cristo, mientras nosotros, tan cerca de Cristo como él, no extendemos la mano para tocarle, y por ello no recibimos bendición alguna.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: The Great Physician

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura