Considera a Jesús

El grito de Jesús en la cruz y nuestro consuelo

En la cruz, el Santo fue abandonado por Dios para que jamás lo fuéramos nosotros. Su oscuridad es nuestra luz; su desamparo, el puente que nos lleva al cielo y la llave de la comunión con Dios.

¡Alma mía! ¿No bastaba que tu Señor fuera desamparado de los hombres en su tristeza? ¿Era esencial para la salvación y para tu sostén en las temporadas de desamparo y tinieblas del alma, que Él fuera asimismo desamparado de Dios? Sí, así tenía que ser. La historia del universo no presentó jamás un abandono semejante: un ser tan santo, y sin embargo tan entera y severamente desamparado de Dios y de los hombres, como aquel que Jesús experimentaba ahora sobre el madero maldito. Con qué profundidad de énfasis habría resonado aquella palabra de sus labios pálidos, que temblaban de agonía: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Tú, mi Padre, cuya gloria vindico, cuyo gobierno honro, cuyo nombre glorifico, cuya Iglesia redimo, ¿por qué me has desamparado en la hora de mi más honda tristeza?».

¿De quién fue desamparado Jesús? De su Padre. Y cuando tú, alma mía, andas en sentido de desamparo divino, ¿quién te dice: «Por un breve momento te dejé, pero con grande misericordia te recogeré»? Es tu Padre celestial. Es el retiro momentáneo de un Padre; y aunque este pensamiento añade agudeza a la disciplina e intensidad a la nube, ¿no hay consuelo en saber que el ocultamiento es paternal, un Padre escondiéndose de su hijo, y solo por un momento? Así, aunque se esconda, sigue siendo Padre.

Pero lo que para Jesús fue una nube de densa tiniebla que todo lo envolvía, para nosotros es luz de salvación. Así como su tristeza es nuestro gozo, sus heridas nuestra sanidad, su muerte nuestra vida, así su desamparo en la cruz es nuestro puente al cielo: un abismo insondable para todos nuestros pecados, cuidados y ansiedades; la carta de nuestra ciudadanía, la llave con que podemos abrir el secreto aposento de la comunión con Dios. Y ¿cómo se condujo Jesús en esta temporada de desamparo divino? Confió en Dios. Su fe podía aún exclamar: «Dios mío, Dios mío». Apóyate, pues, en tu Dios del pacto, oh hijo de luz que andas en tinieblas. Si todo está oscuro, un Dios escondido, un Salvador ausente, una providencia adusta, ahora es el tiempo de tener fe en Dios. Apóyate en su fidelidad del pacto y en su amor inmutable, y cree que pronto alcanzarás aquel mundo dichoso donde tu sol no se pondrá jamás.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Consider Jesus– as Forsaken by God

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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