"El Hijo del Hombre vino." ¡Qué venida tan bendita! El Señor Jesús parece haberse tomado para sí, con la más tierna condescendencia a nuestras necesidades, aquel gracioso título, "el Hijo del Hombre". Él era el Hijo de Dios, y eso desde toda la eternidad; pero se deleita en llamarse el Hijo del Hombre. Necesitamos uno semejante a nosotros, que vista la misma naturaleza; que lleve en su pecho el mismo corazón humano; uno que haya sido "tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado"; y por tanto capaz de simpatizar con y sostener a los que son tentados.
Un pecador como el hombre, cuando se hace sensible de su contaminación y culpa, no puede acercarse a Dios en su intrínseca y esencial majestad y santidad. Visto como el gran y glorioso Ser que llena la eternidad, Jehová es demasiado grande, demasiado trascendentemente santo, demasiado formidablemente perfecto para que el hombre se acerque. Ha de tener, pues, un Mediador; y ese Mediador, uno que lo sea de verdad, un Dios-hombre, "Emanuel, Dios con nosotros". La profundidad de este misterio, la misma eternidad no la sondará.
Pero la tierna misericordia de Dios al designar tal Mediador, y la maravillosa condescendencia del Hijo de Dios al hacerse "el Hijo del Hombre", son asuntos de fe, no de razón; han de creerse, no comprenderse. Así recibidas, la humanidad del Hijo de Dios se vuelve un camino de acceso al Padre. Podemos hablarle, podemos acercarnos, podemos derramar nuestros corazones delante de "el Hijo del Hombre". Su tierno pecho, su corazón compasivo, parecen atraer los sentimientos y deseos de los nuestros.
A Dios, contemplado en su majestad iracunda, no osamos acercarnos; él es "fuego consumidor"; y el alma tiembla delante de él. Pero cuando Jesús aparece en el evangelio como "el Mediador entre Dios y los hombres", y "un Árbitro", como habla Job, "que ponga su mano sobre ambos" (Job 9:33), ¡cómo penetra esto en las profundidades del corazón humano! ¡Cómo abre un camino para que el pobre pecador culpable, inmundo, condenado y arruinado se acerque a aquel gran Dios con quien tiene que habérselas! ¡Cómo, cuando se realiza experimentalmente, atrae la fe para mirarle, la esperanza para anclar en él y el amor para abrazarle tiernamente y afectuosamente!
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: September 19
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.