En el tiempo de la Pascua, Jerusalén era una gran posada; cada dueño de casa había invitado a sus propios amigos, pero nadie había invitado al Salvador, y Él no tenía morada propia. Fue por su propio poder sobrenatural como se procuró un aposento alto en el que celebrar la fiesta. Así es aún hoy: Jesús no es recibido entre los hombres, sino sólo allí donde, por su poder y gracia sobrenatural, Él renueva el corazón. Todas las puertas están bien abiertas al príncipe de las tinieblas, pero Jesús tiene que abrirse camino por sí mismo o alojarse en las calles.
Fue mediante el poder misterioso ejercido por nuestro Señor que el dueño de la casa no hizo pregunta alguna, sino que al punto, con alegría y gozo, abrió su aposento. Quién era y qué era, no lo sabemos, pero aceptó de buen grado el honor que el Redentor se proponía conferirle. De igual manera se revela aún hoy quiénes son los elegidos del Señor y quiénes no; pues cuando el evangelio llega a algunos, luchan contra él y no lo quieren; pero donde los hombres lo reciben y lo acogen, esto es señal segura de que hay una obra secreta obrando en el alma y de que Dios los ha escogido para vida eterna. ¿Estás dispuesto, querido lector, a recibir a Cristo? Entonces no hay dificultad en el camino; Cristo será tu huésped; su propio poder está obrando en ti, haciéndote dispuesto.
¡Qué honor hospedar al Hijo de Dios! El cielo de los cielos no puede contenerle, y sin embargo se digna hallar casa dentro de nuestros corazones. No somos dignos de que Él entre bajo nuestro techo, ¡mas qué privilegio indecible cuando se digna entrar! Entonces Él prepara un banquete y nos hace banquetear con Él con manjares reales; nos sentamos a una mesa donde los viandas son inmortales y comunican inmortalidad a quienes de ellas se nutren. ¡Bienaventurado entre los hijos de Adán aquel que hospeda al Señor de los ángeles!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: November 8 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.