«Yo soy como un ciprés verde.» Oseas 14:8
«Yo reprenderé al devorador por vuestra causa, y no destruirá el fruto de vuestra tierra.» Malaquías 3:11 [Véase también Isaías 27:2, 6.]
¿No resulta desagradable para un jardinero ver los pimpollos y frutos más hermosos destruidos por las orugas? ¿No se goza al ver todas las ramas doblarse bajo el peso del fruto maduro? Oh celestial Jardínero, concede que yo no te desagrade. Déjame permanecer en Cristo, mi verdadera Vid, y llevar siempre buenos frutos. Pero puesto que todo fruto tiene sus enemigos, y no bien tú has producido lo bueno cuando los insectos del pecado procuran destruirlo, te ruego que me hagas vigilante y diligente. Reprende al devorador y presérvame como rama de Cristo, noche y día, conforme lo has prometido; para que mis frutos permanezcan hasta la eternidad. La fecundidad de los huertos y viñedos que tu diestra ha plantado glorifica tu nombre. ¡Ojalá yo contribuya largamente a ese fin nobilísimo de toda acción humana y angélica! Que el arroyo cristalino que procede de tu trono fertifique el suelo en el que me permites crecer. ¡Espíritu de Dios, hazme muy fecundo!
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — November 27
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.