Esta fue una de las facetas más instructivas y hermosas del carácter de nuestro Señor: su sujeción a la autoridad de sus padres. ¿Qué etapa y condición de la vida no iluminó con su grandeza ni santificó con su pureza? Como decía Ireneo, vino a salvar a todos los que nacen de nuevo para Dios: niños pequeños, jóvenes y ancianos. A los pequeños se hizo pequeño, santificando esa edad y dando ejemplo de piedad, justicia y obediente sumisión. «Estaba sujeto a ellos». ¡Qué estudio para los jóvenes! ¡Qué ejemplo para el creyente!
La sumisión de Jesús a sus padres fue natural. Nuestro Señor fue siempre fiel a la naturaleza, y la naturaleza, fiel a su Creador. La sumisión filial es un instinto de nuestro ser: la existencia de padre e hijo implica una ley que regula sus deberes mutuos. Aun sin precepto divino, la naturaleza impulsaría al hijo a cumplir su deber. Pero lo que la razón enseña oscuramente, la revelación lo ordena con claridad. La sumisión de Jesús también fue obediente: la obediencia es la gran ley de la piedad filial. «Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es justo»; «Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor».
Y la sujeción de Jesús fue la sujeción del amor. El afecto filial asegura la reverencia más profunda hacia la autoridad paterna y la obediencia más implícita al mandato de los padres, cuando este no contradice una ley superior. ¡Cuán dulce y hermoso es someterse a la voluntad y obedecer el mandato de un padre a quien se reverencia y ama! De ahí la dignidad y la belleza de la obediencia del hijo de Dios a su Padre celestial: obedece porque ama, y no hay obediencia tan dispuesta, tan gozosa y tan completa como la del amor. «Si me amáis, guardad mis mandamientos». Y si Dios ha quitado vuestro padre terreno, transferid vuestro amor, sumisión y obediencia al Padre celestial, «en quien el huérfano halla misericordia».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Consider Jesus– in Filial Subjection
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.