Hay algo muy noble en el cuadro de Daniel que nos ofrece el primer capítulo del libro que lleva su nombre. Era apenas un muchacho. Había sido arrancado de los piadosos restraints e influencias de su propio hogar. Ahora estaba en libertad de hacer lo que quisiera, en cuanto al control de sus padres se refería. Se hallaba entre gente pagana, y nadie le habría censurado si hubiera despreciado las normas de la religión aprendida en casa. Es más, ¡nadie allí lo habría sabido! Además, era sólo un niño, con un carácter aún en formación, en una edad en la que las convicciones suelen asentarse con ligereza, y en la que el alejamiento de los lazos del hogar frecuentemente es la señal para cortar las amarras que hasta entonces han impedido que la vida se pierda a la deriva.
Todas estas consideraciones realzan la belleza y la nobleza de la conducta de Daniel. Él sabía cuál era su deber, porque había sido instruido en su hogar. Ese deber era el mismo en Babilonia que en Jerusalén. El cambio de lugar y de circunstancias no introduce cambio alguno en los principios del bien y del mal. Lo que era malo en la ciudad santa, bajo la sombra del templo, en la santidad de un hogar piadoso, no podía convertirse en bueno, por ninguna sofística metamorfosis moral, en la pagana Babilonia. No había nada de incierto en la actitud de Daniel ante el deber.
"Daniel propuso en su corazón no contaminarse." El corazón es el lugar donde han de resolverse todas las cuestiones de principio. En el caso de Daniel no hubo largas cavilaciones acerca de su deber. No fue a pedir consejo a sus amigos. No trató de encontrar una puerta trasera para salir del aprieto en que se hallaba. No se preguntó: "¿Cómo afectará esto a mi porvenir en esta corte real? ¿No podría estorbar mi propio adelanto? ¿No me hará más difícil la vida como cautivo?" Afrontó la cuestión desde el terreno del bien moral, la resolvió al instante y nunca la reabrió. Quien vive así no necesita nunca preguntarse qué dicen o piensan los demás, ni cómo tal o cual conducta afectará a su prosperidad. Es algo muy heroico ser capaz de sostenerse a solas, de atreverse a ser diferente y no hacer lo que otros hacen. Ser fiel a Dios nos exige muchas veces estar completamente solos, e incluso ser objeto de burla y desprecio por parte de otros. Las decisiones deberían tomarse siempre de este modo, y una vez tomadas, deberían mantenerse a pesar de toda oposición y todo peligro.
Una de las pruebas de carácter que sobrevino a Daniel en su cautiverio tuvo que ver con la comida y la bebida que se le asignaron como estudiante. Se había fijado una ración diaria de los manjares del rey y de los vinos del rey para los jóvenes príncipes. Pero Daniel propuso en su corazón no contaminarse con estas cosas. Así que la cuestión de la templanza es bastante antigua. Desde luego, es fácil decir que Daniel no fijó su conducta en lo que nosotros llamamos principios modernos de templanza. Es fácil decir que se guiaba por antiguas leyes ceremoniales hoy caducas, o por nociones supersticiosas acerca de lo que había sido ofrecido a los ídolos. Con todo, el principio sigue siendo el mismo. Daniel creía que era malo participar de los manjares del rey y beber de su vino, que se contaminaría con ellos si los tocaba, y, así creyéndolo, fue firme en su resolución de no usarlos.
"Dios hizo que Daniel hallase gracia y misericordia ante el príncipe." Esto fue muy importante para el éxito de Daniel. Si este funcionario hubiera sido duro o indiferente, la historia habría terminado justo allí, quizá en el martirio del heroico muchacho. Es muy importante que actuemos de manera que nos ganemos amigos. A veces la gente profesa no importarle lo que otros piensan de ella, ¡pero tal indiferencia es sin duda muy necia! Ninguno de nosotros sabe cuánto debe a sus amigos, al favor que nos granjeamos en su ánimo, a las palabras amables que nos dirigen y a la influencia que ejercen en nuestro favor. Nadie puede jamás elevarse en el mundo a ningún lugar importante sino por la confianza y la estimación de otros.
Vemos aquí también cómo Dios puede granjear amigos para aquel a quien deseapromover. La Biblia nos dice en otro lugar que el corazón del rey está en la mano del Señor. Y leemos asimismo: "Cuando los caminos del hombre agradan al Señor, aun a sus enemigos hace que se apacigüen con él." Así, es legítimo que pidamos a Dios que nos dé amigos; pero al ofrecer esta oración debemos tener mucho cuidado de hacer nuestra propia parte para ser dignos de los amigos que deseamos ganar.
Quien es de mal genio, egoísta y rudo tendrá pocos amigos, y cuando llegue la hora de la necesidad se encontrará solo, sin simpatía ni ayuda humanas. Evidentemente no era difícil querer a Daniel: su carácter era tan bello, su disposición tan mansa, su trato tan atrayente. Los cristianos que desean ganar favor y elevarse en el mundo deberían cultivar las mismas cualidades, y así, haciéndose atractivos, se ganarán amigos dondequiera que vayan.
El príncipe encargado de los jóvenes cautivos temía obrar contra sus instrucciones. Estaba muy seguro de que los muchachos sufrirían en su apariencia a causa de su abstinencia de la comida sustanciosa y las bebidas estimulantes que se les proporcionaban, y rehuía asumir la responsabilidad de permitirlo. Daniel mostró su tacto sugiriendo una prueba de diez días. "Te ruego que pruebes a tus siervos diez días, y que nos den legumbres para comer y agua para beber."
Muchas personas tienen casi la misma impresión respecto a la dieta lujosa y las bebidas que parecía tener este príncipe babilónico. Imaginan que si vivieran de manera sencilla y temperante, sufrirían en su salud o en su viveza y brillo. Probablemente en todos estos casos, una dieta sencilla les vendría mucho mejor. Hay una enorme cantidad de glotonería en el mundo, incluso entre los cristianos. Pocas personas sufrirían por descender a una comida sencilla durante un tiempo. Ciertamente, en cuanto a las bebidas alcohólicas, el experimento no puede menos que demostrar que la abstinencia es mejor en todo sentido para el cuerpo, la mente y el alma, que el indulgente uso de ellas.
Es interesante contar en la Palabra de Dios con el resultado de este experimento. No hemos de suponer que haya en ello nada sobrenatural. No se obró ningún milagro para favorecer el uso de la comida sencilla y la bebida simple. Los temores del mayordomo eran infundados. Los rostros de los muchachos hebreos eran más hermosos y estaban más sanos que los de quienes habían participado de los manjares del rey.
Estos jóvenes hebreos mostraron su superioridad también de otros modos. "Dios les dio conocimiento y habilidad en toda ciencia y sabiduría." Dios es capaz de ayudar a los jóvenes incluso en la escuela. Por supuesto, no recibieron ayuda sino a través de su propia diligencia y aplicación. Sin duda trabajaron duro como estudiantes, aplicándose con empeño a cada lección. No basta, cuando las lecciones son difíciles, con orar a Dios para que nos las enseñe y luego salir al patio a perder el tiempo, esperando ser divinamente ayudados. La ayuda de Dios nunca está pensada para sostener nuestra pereza. No hemos de pedir que Dios haga por nosotros lo que podemos hacer nosotros mismos. Pero Dios concede su ayuda sólo a quienes con empeño se ayudan a sí mismos. Si un estudiante se aplica con toda diligencia al estudio de sus lecciones, tiene también derecho a pedir a Dios que le ayude, que haga claras las cosas difíciles, que dé luz a las oscuras, que haga su mente despierta y clara, ¡y Dios lo hará!
"Daniel continuó hasta el primer año del rey Ciro." Durante más de setenta años desempeñó altos cargos en aquella corte pagana. Todo aquel tiempo su vida fue piadosa y hermosa. Fue fiel a Dios, noble en su carácter y leal a la verdad. Comenzó bien y nunca se apartó de su propósito de seguir a Dios plenamente y cumplir su deber. En la vida de Daniel tenemos una maravillosa ilustración del valor y del poder de la enseñanza y la formación del hogar. Tan bien fue Daniel enseñado, tan profundamente quedó grabada en su corazón la influencia de aquel hogar, que cuando fue llevado cautivo a una tierra pagana, ningún poder del paganismo, ninguna tentación, ninguna amenaza de peligro pudo hacerle desviarse.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Daniel's Principles
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.