Cristo sabía que la codicia era el pecado que más fácilmente acosaba a este joven; aunque había obtenido con honestidad lo que poseía, no podía desprenderse de ello con alegría, y con ello se mostró su falta de sinceridad. Las promesas de Cristo hacen fáciles sus preceptos, y su yugo agradable y muy consolador; sin embargo, esta promesa era tanto una prueba de la fe del joven como el precepto lo era de su caridad y de su desprecio del mundo.
Se requiere de nosotros, al seguir a Cristo, que asistamos debidamente a sus ordenanzas, sigamos estrictamente su ejemplo y nos sometamos con gusto a sus disposiciones; y esto por amor a él y en dependencia de él. Venderlo todo y darlo a los pobres no bastará, sino que hemos de seguir a Cristo.
El evangelio es el único remedio para los pecadores perdidos. Muchos se abstienen de vicios groseros sin atender a sus obligaciones para con Dios. Miles de instancias de desobediencia en pensamiento, palabra y obra están anotadas contra ellos en el libro de Dios. Así, muchos abandonan a Cristo, amando este mundo presente; sienten convicciones y deseos, pero se marchan tristes, tal vez temblorosos. Nos conviene examinarnos en estas cosas, porque el Señor nos examinará.
La recompensa de los seguidores de Cristo (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Matthew 19:16-22
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.