Un Tesoro Dorado para los Hijos de Dios

El justo vive la ley desde el amor del evangelio

El justo no está bajo la condenación de la ley, pues obedece desde el amor; el evangelio es la carta de sus privilegios y el motor de su vida, y al obedecer la ley honra el evangelio.

«La ley no fue dada para el justo.» 1 Timoteo 1:9

Un justo es aquel que disfruta de un interés en la obediencia y el sacrificio de Jesucristo, y cuyo corazón es purificado por el Espíritu Santo. Se dice que la ley no fue «dada para el justo», en cuanto él no es objeto de su condenación; y también porque no necesita, en el mismo sentido, o al menos en el mismo grado que los demás hombres, de aquellos refuerzos que implican enemistad y depravación desenfrenada. Él obedece por amor y seguiría obedeciendo aunque se supusiera posible apartarlo de la vista y el oído de la ley y que jamás fuese asaltado por aquellas amenazas que hacen rodar sus truenos sobre la cabeza del pecador. Obedece; pero no él, sino Cristo que está en él, haciéndolo semejante a su propia imagen gloriosa. Mas si la ley no fue dada para el justo, el evangelio sí lo fue; y es la carta de sus privilegios, el tema de su meditación y la regla de su vida. Le provee motivos, le presenta modelos y le estimula con promesas. Cuanto más entiende y disfruta el evangelio, más admira la ley, se regocija de que esta sea confirmada por el evangelio, pero no tiene poder para anatematizarlo. Lo que la ley exige de él, el evangelio se lo presenta, y por ello la estima. Honramos el evangelio al obedecer la ley.

Fuente y atribución

Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky

Título original: A Golden Treasury for the Children of God — November 4

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.

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