El apóstol vio en la mano de aquel que estaba sentado en el trono un rollo de pergaminos en la forma usual en aquellos tiempos, y sellado con siete sellos. Esto representaba los secretos propósitos de Dios, a punto de ser revelados. Los designios y métodos de la divina providencia, hacia la iglesia y hacia el mundo, están determinados, fijos y consignados por escrito. Los consejos de Dios están del todo ocultos a los ojos y al entendimiento de la criatura. Las varias partes no son deselladas y abiertas a la vez, sino una tras otra, hasta que todo el misterio del consejo y la conducta de Dios se cumpla en el mundo. Las criaturas no pueden abrirlo ni leerlo; solo el Señor puede hacerlo. Los que más ven de Dios son los más deseosos de ver más; y los que han visto su gloria desean conocer su voluntad. Pero aun los buenos hombres pueden ser demasiado impacientes y precipitados al querer penetrar en los misterios de la conducta divina. Tales deseos, si no son pronto satisfechos, se vuelven dolor y tristeza. Si Juan lloró mucho porque no podía contemplar el libro de los decretos de Dios, ¡qué razón tienen muchos para derramar ríos de lágrimas por su ignorancia del evangelio de Cristo!, ¡de aquello de que depende la salvación eterna! No necesitamos llorar porque no podemos prever los acontecimientos futuros respecto a nosotros mismos en este mundo; la ansiosa expectativa de los prospectos venideros, o la previsión de futuras calamidades, nos inhabilizarían igualmente para los deberes y conflictos presentes, o tornarían nuestros días prósperos en aflicción. Con todo, podemos desear aprender, por las promesas y profecías de la Escritura, cuál será el desenlace final para los creyentes y para la iglesia; y el Hijo encarnado ha prevalecido, para que aprendamos todo cuanto necesitamos saber. Cristo se yergue como Mediador entre Dios y tanto los ministros como el pueblo. Es llamado León, pero aparece como un Cordero inmolado. Aparece con las marcas de sus sufrimientos, para mostrar que intercede por nosotros en el cielo en virtud de su satisfacción. Aparece como un Cordero, que tiene siete cuernos y siete ojos; poder perfecto para ejecutar toda la voluntad de Dios, y sabiduría perfecta para entenderla y cumplirla del modo más eficaz. El Padre puso el libro de sus eternos consejos en la mano de Cristo, y Cristo pronta y gozosamente lo tomó en su mano; porque se deleita en dar a conocer la voluntad de su Padre; y el Espíritu Santo es dado por él para revelar la verdad y la voluntad de Dios.
Por lo cual todo honor le es atribuido, como digno de abrirlo (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Revelation 5:1-7
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.