Esta parece ser una bienaventuranza muy descuidada. Hay muchas personas que en realidad son sembradores de discordia más que constructores de paz. No buscan sanar los distanciamientos entre otros, ni prevenir peleas y contiendas, ni acercar a quienes han comenzado a separarse. Al contrario, toda su influencia tiende a ensanchar las brechas, a intensificar la amargura y a avivar el enojo y el odio. Cuando descubren en alguien un germen de sospecha o de rechazo hacia otro, estimulan ese mal crecimiento. ¿No es ya hora de que bajemos la bienaventuranza de nuestro Señor desde el cielo y comencemos a incorporarla a nuestra vida? ¿No es ya hora de que nos volvamos pacificadores en un mundo cuya belleza está estropeada por tanta contienda?
El espíritu pacificador es divino. Nadie en el cielo se deleita en separar a los amigos. En la medida en que llevamos el espíritu pacificador a nuestra vida, llevamos la marca de la imagen de Dios. Para ser pacificadores, antes que nada debemos esforzarnos por vivir en paz con todos. «Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, tened paz con todos los hombres». Romanos 12:18.
Pero además, también debemos esforzarnos por hacer y promover la paz entre otros. Nuestro ministerio no ha de limitarse al arreglo de grandes conflictos, sino que puede hallar su labor más fecunda incluso en la sanación de las pequeñas contiendas que descubrimos a nuestro alrededor. Siempre que encontremos a alguien enojado con otro, debemos procurar quitar ese sentimiento de ira. Las pequeñas grietas en las amistades ajenas debemos esforzarnos por sanarlas. Los pensamientos poco amables de otros que hallamos en la mente de la gente debemos buscar transformarlos en pensamientos bondadosos. No hay servicio más semejante a Cristo que procurar siempre promover la paz entre persona y persona, evitar que la gente se distancie y lograr que vivan juntos con mayor amor.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Peacemakers
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.