¿Acaso llora un hombre una sola vez en su vida? ¿No corre el tiempo de llorar, más o menos, a lo largo de toda la vida del cristiano? ¿No marcha el duelo parejo con su existencia en esta tienda de barro? Pues 'el hombre nace para la aflicción, como las chispas vuelan hacia arriba.' Entonces 'tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de derribar, y tiempo de edificar' ha de correr parejo con la vida del cristiano, lo mismo que 'tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de danzar.' Las almas vivientes conocerán muchos tiempos de lloro; tendrán a menudo que suspirar y clamar por sus viles corazones; lamentar con lágrimas de dolor piadoso sus descarríos de Dios; llorar por sus ídolos quebrantados, sus esperanzas marchitas y sus perspectivas arruinadas; llorar por haber contristado tanto al Espíritu de Dios con su desobediencia, carnalidad y mundanalidad; ser derretidos en contrición a los pies de un Señor moribundo, para ser llevados en alguna medida por la senda que Jesús anduvo como 'varón de dolores, experimentado en quebranto.' Tendrán que lamentar la caída de aquellos amigos que una vez juzgaron con mejores perspectivas para el reino de Dios que ellos mismos; llorar por las crueles flechas de la calumnia que los profesantes disparan contra ellos; lamentar el bajo estado de Sion, cuán pocos son los que sirven al Señor aceptablemente con reverencia y temor piadoso. Pero sobre todas las cosas tendrán que llorar por las idolatrías internas de su naturaleza inmunda; llorar por haber tratado con tanto insulto a aquel Dios que desean amar y adorar; por descuidar y volver la espalda a aquel Salvador que los corona de misericordias y de tiernas misericordias.
Hay muchos tiempos de llanto para los hijos de Dios; y si hay un estado del alma, en la experiencia, más de desear que otro, es el de estar llorando a los pies de Jesús. Tenemos dos dulces instancias del Señor manifestándose a quienes lloraban: una a 'la mujer que era pecadora,' que se puso detrás de él y le lavó los pies con sus lágrimas; la otra a María Magdalena, que 'estaba fuera llorando junto al sepulcro.' ¡Oh, cuán distinto es el espíritu quebrantado y lloroso de un alma viva de la presunción endurecida y cauterizada de un profesante orgulloso! Cuán distintos los sentimientos de un hijo de Dios de corazón quebrantado de la ligereza, la frivolidad, el vacío y la mundanalidad de cientos que están en una profesión de religión. Cuán distinto un santo afligido, llorando en su rincón solitario por sus viles descarríos, de un profesante descuidado que se justifica en toda acción, que tiene por leve el pecado, y que por más inconsecuente que actúe nunca siente la conciencia herida. 'Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.'
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 5
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.