La misma palabra «santo» se ha convertido, por la perversidad y maldad del hombre, en una palabra de reproche y desprecio. Pero Dios la honrará, por más que los hombres la deshonren. Dios ha puesto una corona de gloria sobre ella, por más que la desprecien. No hay privilegio ni bendición que Dios pueda conferir tan grande y gloriosa como coronarte con el título de «santo». Podría haberte dado títulos sin número; podría haber derramado riquezas sobre tu cabeza en la mayor profusión; rango, fama, talento, belleza, salud, todo podría haber sido puesto a tus pies; pero ¿qué sería todo esto comparado con hacerte un santo de Dios?
Pero ¿qué es ser santo? Es ser santificado por Dios Padre, apartado para él, para mostrar su alabanza. Es ser lavado en la sangre expiatoria y vestido con la justicia justificadora del Hijo, y ser regenerado por el Espíritu de Dios. Es ser introducido en un mundo nuevo al ser librado del poder de las tinieblas y trasladado al reino del amado Hijo de Dios.
¿Qué corazón puede concebir o qué lengua expresar el estado de bienaventuranza al que han sido elevados los despreciados santos de Dios aun en este presente estado! Son hijos e hijas del Señor Todopoderoso; joyas en la corona mediadora de Jesús; miembros de su cuerpo místico, y como tales unidos a él por lazos indisolubles; columnas en el templo de Dios que no saldrán jamás; ovejas redimidas por sangre preciosa; almas vírgenes desposadas con el Señor, el Cordero. Son herederos de Dios y coherederos con Cristo, y mansiones de gloria están preparadas para ellos más allá de los cielos. Allí se sentarán como vencedores con Cristo en su trono, y allí cantarán con arpas de oro las alabanzas de un Dios trino por toda la eternidad.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: December 18
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.