El camino del cristiano

El mayor tesoro que el alma puede anhelar

Ser aceptado por Dios supera toda riqueza, fama o poder terreno; es el único tesoro verdaderamente imprescindible que el creyente debe buscar con urgencia.

Antes de desear ardientemente y buscar con empeño cualquier objeto, debemos ser llevados a contemplar su valor y sentir su importancia; ¿y qué objeto puede compararse con aquel al que el apóstol aspira en estas palabras? Ser “aceptado de Él” era el único asunto que le preocupaba, plenamente convencido de que sin ello, todo lo demás sería en vano.

Lector, importará muy poco lo que puedas poseer, si vives y mueres privado de esta gran bendición. Aun cuando alcanzaras todo lo que los hombres consideran envidiable; aun cuando todos los tesoros del mundo se amontonaran sobre ti; aun cuando fueras dotado de todo conocimiento, de modo que los sabios más eminentes tuvieran por honra sentarse a tus pies; aun cuando se te confirieran los títulos más magníficos y tu fama resonara hasta los confines de la tierra; aun cuando fueras elevado a las cumbres del imperio universal, teniendo a todas las naciones del mundo como súbditos sumisos; en una palabra, aun cuando tuvieras todo lo que la ambición más desmedida, en sus alturas más sublimes y sus deseos más extravagantes, haya jamás anhelado, ¿qué sería todo ello si, en lugar de ser aceptado por Dios, fueras desconocido y rechazado por Él, y expuesto a su ira eterna?

Pero, disfrutando de su favor, que es vida, y de su misericordia, que es mejor que la vida, importa muy poco seamos ricos o pobres; que el sol de la prosperidad brille o que las nubes de la adversidad se ciernan sobre nosotros; que gocemos de salud o yazgamos en lechos de languidez; que trabajemos como esclavos o llevemos coronas y diademas. Después de unos cuantos soles más que salgan y se pongan, no importará lo más mínimo cuál haya sido nuestro destino terrenal. Lo único que entonces importará será si hemos sido aceptados por Dios.

¡Este alto privilegio es ahora alcanzable! Ser aceptado de Él no es una imposibilidad. Toda barrera que se interponía en el camino ha sido removida. El siempre bendito Hijo de Dios asumió nuestra naturaleza y fue hecho bajo la ley, para redimir a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos. Él es el único medio de acceso al Padre, y todos los que son reconciliados con Él son aceptados en el Amado, para alabanza de la gloria de su gracia.

Para los ángeles rebeldes no se ha provisto tal camino. Ningún mensajero de misericordia ha sido comisionado para volar con una reconciliación ofrecida hacia ellos. Ninguna multitud de los ejércitos celestiales irrumpió jamás con el resplandor de su gloria sobre sus moradas oscuras y desoladas, entonando el gozoso himno de paz y buena voluntad. ¡Ese cántico fue cantado para nosotros! La paz había de ser en la tierra, y la buena voluntad para con los hombres pecadores. ¡Por nosotros sufrió Jesús; por nosotros languideció, gimió y murió! “Herido fue por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”

Lector, quisiéramos que te mostraras intensamente solícito por asegurar el precioso tesoro del que hemos estado hablando. Que su importancia, por una parte, y su alcanzabilidad, por otra, te estimulen y te animen a perseguirlo. Está colocado a tu alcance; yace a tu misma puerta. ¡Oh, no lo descuides, no lo desprecies, no lo rechaces, no sea que seas culpable del sueño de aquellos que se juzgan a sí mismos indignos de la vida eterna; un sueño que requerirá una eternidad para comprenderlo, y una eternidad para deplorarlo!

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: The Great Concern

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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