Un médico es inútil sin un caso; y cuanto más difícil el caso, más sabio y mejor médico necesitamos. Así, una conciencia culpable es un caso para la sangre expiatoria, un espíritu quebrantado para el bálsamo sanador, un vestido inmundo para el manto justificador, un náufrago que se ahoga para una mano todopoderosa, un criminal en el patíbulo para un perdón pleno, una enfermedad incurable para un médico celestial, y un pecador que se hunde en el infierno para un Salvador que se inclina desde el cielo. El hombre con un caso real debe tener una salvación real. Ya no debe ser engañado, iludido y burlado con pretensiones, como a veces se cura a un nervioso con píldoras falsas; sino que debe tener un remedio real, pues tiene una enfermedad real.
Cristo en la Biblia, Cristo sentado como un Salvador desconocido en los cielos, Cristo lejos, no manifestado ni revelado, no es Cristo para él. «Cerca, cerca; que él venga cerca; en mi corazón, en mi alma, revelado en mí, manifestado a mí, formado en mí: este, este es el Cristo que necesito. ¡Oh, por una gota de su sangre expiatoria, una sonrisa de su bendito rostro, un testimonio de su amor, un destello de su justicia justificadora!» Y así, cuando este divino Redentor aparece con sus vestiduras teñidas de sangre, el alma que se hunde aclama su llegada, las aves de los montes emprenden el vuelo, las bestias del campo se escurren a sus cuevas, el tronco lúgubre echa sus brotes, y la voz resuena desde lo más profundo del alma: «Este es nuestro Dios; le hemos esperado, y nos salvará. Este es el Señor; le hemos esperado; nos alegraremos y nos gozaremos en su salvación.»
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: October 29
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.