Un gran rey requirió en cierta ocasión un auriga. Muchos candidatos buscaron este honor, y uno a uno fueron introducidos en la presencia real.
Preguntó al primero: «Si condujeras mi carro cerca de un precipicio, ¿a qué distancia podrías llevar las ruedas sin caer al abismo?» El hombre respondió que podría conducir a dos pies del precipicio sin caer.
Otro fue interrogado del mismo modo, y respondió que podía conducir con seguridad el carro a un pie del borde sin caer.
Un tercero fue preguntado de igual manera, y respondió que podía acercarse con seguridad a unas pocas pulgadas y aun así estar a salvo.
Entonces, al ser interrogado un cuarto, respondió al instante: «Si soy contratado como su auriga, consideraría mi deber mantenerme lo más lejos posible del precipicio».
El último era el mejor y el más seguro, y como tal fue contratado enseguida.
Y así mismo dice la Escritura: «¡Absteneos de toda apariencia de mal!»
Fuente y atribución
Autor original: Autor desconocido
Título original: A great King once required a charioteer
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Autor desconocido, publicado originalmente en Grace Gems.