Bendito sea Su nombre, no había causa de muerte en Él mismo. Ni el pecado original ni el pecado actual le habían manchado, y por tanto la muerte no tenía ningún derecho sobre Él. Nadie habría podido quitarle la vida justamente, pues a nadie había hecho mal; y nadie podría haberle dado muerte por fuerza, a menos que Él se hubiera complacido en entregarse a morir. Pero he aquí, uno peca y otro sufre. La justicia fue ofendida por nosotros, pero halló su satisfacción en Él. Ríos de lágrimas, montañas de ofrendas, mares de sangre de toros y collados de incienso no habrían bastado para quitar el pecado; pero Jesús fue cortado por nosotros, y la causa de la ira fue cortada de una vez, pues el pecado fue quitado para siempre.
¡Aquí está la sabiduría, por la cual se ideó la sustitución, el camino seguro y pronto de la expiación! ¡Aquí está la condescendencia, que trajo al Mesías, el Príncipe, a llevar una corona de espinas y a morir sobre la cruz! ¡Aquí está el amor, que condujo al Redentor a entregar Su vida por Sus enemigos! No basta, sin embargo, admirar el espectáculo del inocente sangrando por el culpable; debemos asegurarnos de nuestro interés en él. El objeto especial de la muerte del Mesías fue la salvación de Su iglesia: ¿tenemos parte y heredad entre aquellos por quienes dio Su vida en rescate? ¿Permaneció el Señor Jesús como nuestro representante? ¿Somos sanados por Sus llagas? Ciertamente sería terrible que llegáramos a carecer de una porción en Su sacrificio; mejor nos fuera no haber nacido.
Solemne como es la pregunta, es motivo de gozo que sea una pregunta que puede responderse con claridad y sin error. A todos los que creen en Él, el Señor Jesús es un Salvador presente; y sobre todos ellos ha sido rociada la sangre de reconciliación. Alégrense todos los que confían en el mérito de la muerte del Mesías en cada recuerdo de Él, y que su santa gratitud los conduzca a la más plena consagración a Su causa.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: January 16 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.