Destellos desde las ventanas de la vida

El mismo rostro que retrató a Cristo terminó modelando a Judas

La historia del modelo que sirvió para pintar el rostro de Cristo y, años después, el de Judas, revela cómo el pecado deforma y destruye el alma humana.

Era un miserable y sucio mendigo, vestido con harapos, de mirada villana.

Uno de los cuadros más famosos del mundo es La última cena, de Leonardo da Vinci. Jesús está sentado a la mesa con sus doce apóstoles. Se dice que el artista buscó durante mucho tiempo un modelo para representar al Salvador. Quería un joven de rostro puro y santo. Por fin fijó su atención en un corista de la Catedral, llamado Pietro Bandinelli. Este joven tenía un rostro muy noble y una demeanor devoto. Leonardo lo usó como modelo para pintar el rostro del Maestro.

Poco después, Pietro fue a Roma a estudiar música. Allí cayó entre malas compañías y fue inducido a beber, y luego a toda clase de pecados envilecedores. Año tras año, el pintor continuó con su gran obra.

Todos los apóstoles estaban ya pintados excepto uno: Judas, el traidor. Da Vinci iba de un lugar a otro, buscando a algún hombre envilecido que sirviera como modelo. Un día caminaba por las calles de Milán, observando los rostros de los malvados que se encontraba, cuando su mirada se detuvo en uno que parecía tener en sus rasgos el carácter que buscaba. Era un miserable y sucio mendigo, vestido con harapos, de mirada villana. Este hombre fue el modelo del artista para Judas.

Después de pintar el rostro, Da Vinci supo que el hombre que había posado para él era su viejo amigo, Pietro Bandinelli: el mismo que unos años antes había sido el modelo para el Maestro. La maldad había envilecido aquella vida hermosa hasta convertirla en una deformidad espantosa. El pecado distorsiona, deforma y destruye el alma humana. La arrastra desde su dignidad erguida hasta hacerla arrastrarse en el polvo.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: He was a miserable, filthy beggar, wearing rags, with villainous look

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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