Las bendiciones fueron dadas a conocer a los creyentes por el Señor, al mostrarles el misterio de su soberana voluntad y el método de la redención y la salvación. Pero estas habrían permanecido para siempre escondidas de nosotros, si Dios no las hubiera dado a conocer por su palabra escrita, el evangelio predicado y el Espíritu de verdad. Cristo unió en su propia persona a las dos partes antes divididas, Dios y el hombre, y satisfizo aquel agravio que causó la separación. Obró por su Espíritu aquellas gracias de fe y amor, mediante las cuales somos hechos uno con Dios y unos con otros. Él reparte todas sus bendiciones, según el beneplácito de su voluntad. Su enseñanza divina condujo a quienes le plugo para que contemplaran la gloria de aquellas verdades, que a otros se les dejó blasfemar. ¡Qué promesa tan llena de gracia es la que asegura el don del Espíritu Santo a quienes se lo piden! Las influencias santificadoras y consoladoras del Espíritu Santo sellan a los creyentes como hijos de Dios y herederos del cielo. Estos son las primicias de la santa felicidad. Para esto fuimos hechos, y para esto fuimos redimidos; este es el gran designio de Dios en todo cuanto ha hecho por nosotros; que todo sea atribuido a la alabanza de su gloria.
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Ephesians 1:9-14
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.