Por «el reino de Dios» se entiende lo mismo que «el reino de los cielos», es decir, el reino interior establecido en el corazón por el poder del Espíritu, aquel reino que permanecerá para siempre y perdurará cuando el tiempo ya no exista. Este el Señor lo llama misterio. Y si es misterio, llevará estas tres marcas: estará por encima de la naturaleza, el sentido y la razón; estará escondido a los sabios y prudentes; y será revelado a los pequeños. Veamos si hallamos estas marcas en el reino de los cielos establecido en el corazón. Ciertamente está por encima de la naturaleza, el sentido y la razón que Dios habite en el corazón de un hombre, como dice el apóstol: «Cristo en vosotros, la esperanza de gloria», y de nuevo: «Vosotros sois el templo del Dios vivo; como dijo Dios: Habitaré en ellos y andaré entre ellos». Que Dios tome morada en un corazón, que Cristo esté en un hombre y que el Espíritu Santo haga del cuerpo de sus santos su templo, ¿cómo pueden la naturaleza, el sentido y la razón comprender tal misterio?
Cuando uno de los antiguos mártires, creo que Policarpo, fue llevado ante Trajano y el emperador le preguntó su nombre, él respondió: «Soy Policarpo, el portador de Dios, ¡porque llevo a Dios en mí!». Ante esta respuesta el emperador se rio y dijo: «Que lo arrojen a las fieras». Esa fue la única respuesta que un tirano persegidor podía dar. ¡Que un hombre frágil y débil, a quien un león podría despedazar en un momento, llevara a Dios en su seno! ¿Cómo podía el sabio y prudente Trajano creer algo tan inaudito? Sin embargo, es un misterio revelado a los pequeños, pues lo reciben en el amor de él bajo enseñanza divina, como uno de los misterios que el Espíritu de Dios da a conocer en el corazón.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 14
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.