Sin duda el apóstol toma la palabra de los ritos secretos de los templos paganos, a los cuales ninguno era admitido y ninguno entendía sino los iniciados. Para todos los demás eran misterios. Libres ya de su uso original y profano, es aquí aplicada con propiedad para designar la naturaleza y las doctrinas del evangelio de Cristo, y así llega a ser, por su asociación, un término santificado y expresivo. Y no es este el único lugar en que ocurre con el mismo sentido: «Hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria».
Es igualmente claro que nadie es iniciado en este misterio del evangelio sino quienes son partícipes del segundo nacimiento. Pues «el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios». Para él es un misterio; está ciego y no puede ver las gloriosas profundidades de este reino de gracia. A sus doce discípulos, nuestro Señor aclara esta idea cuando les recuerda su grande y gracioso privilegio: «A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas». Aún más claramente se desenvuelve esta verdad en su notable oración: «En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños; así, Padre, porque así te agradó».
Si tú, lector amigo, has sido conducido en algún grado al conocimiento de este glorioso misterio de la verdad, no dudes en atribuirlo a la gracia de Dios. A ti te ha sido dado conocer el misterio del reino. La soberanía de Dios así lo ha dispuesto. La erudición, el intelecto y la filosofía de los sabios y entendidos del mundo no te sirvieron de ayuda para resolver y desenredar estos divinos y gloriosos enigmas. Pero Dios nos las ha revelado por su Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. A los niños en Cristo, al discípulo humilde, al aprendiz dispuesto a recibir el reino de Dios como un niño, Dios despliega este misterio, para que ninguna carne se gloríe en su presencia. Oh alma favorecida y dichosa, si tú, por la gracia iluminadora del Espíritu Santo, has sido conducida al misterio del amor del Padre en Cristo hacia los pobres pecadores perdidos: «Así, Padre, porque así te agradó».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - December 12
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.