«Pues ni aun Cristo se agradó a sí mismo.» Romanos 15:3
Ni aun Cristo se agradó a sí mismo. Y Cristo es el modelo y patrón de mi vida.
Él se inclinó hacia los pequeños niños —Él, que es el Señor de la gloria y el Príncipe de los reyes de la tierra. Los tomó en sus brazos, los llamó por sus nombres y derramó sobre ellos su bendición. Así querría yo llevar el corazón del cordero tierno entre los rebaños ya crecidos.
Él soportó con larga paciencia a los discípulos tardos. Les dio línea sobre línea, precepto sobre precepto, aquí un poco y allá un poco de la palabra de vida. Nunca perdió la paciencia con ellos —ni una sola vez, por más que lo provocaran. Así querría yo soportar y refrenarme.
Él acogió a las almas tímidas y dubitativas. Cuando uno vino a Él de noche, no reprendió su temor, sino que lo tomó y le expuso el plan de salvación. Así querría yo animar al más débil buscador de la verdad; yo también anduve a tientas en el crepúsculo tenue.
Él esperó lo mejor de los peores. La mujer de la ciudad, el recaudador codicioso y el ladrón en el madero —a ellos redimió y salvó. La joya había caído en el lodo, y estaba toda recubierta de inmundicia; pero a sus ojos seguía siendo una joya. Así querría yo no desesperar de nadie.
Él amó a sus enemigos. Padre, perdónalos —oró casi con su último aliento. Nada pudo matar ni destruir su gracia sobreabundante. Así querría yo vencer el mal con el bien, y de las ruinas ayudar a levantar templos para la gloria de Dios.
¡Ojalá yo pudiera alzarme a esta altura de semejanza a Cristo!
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — Romans 15:3
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.