La distinción entre la iglesia y el mundo
«Y fortificaron Jerusalén hasta el muro ancho». Nehemías 3:8
Las ciudades bien fortificadas tienen muros anchos, y así también los tenía Jerusalén en su esplendor. La Nueva Jerusalén debe, del mismo modo, estar rodeada y preservada por un muro ancho de no conformidad al mundo y de separación de sus costumbres y su espíritu.
La tendencia de estos días es derribar la santa barrera y reducir la distinción entre la iglesia y el mundo a algo meramente nominal. Los profesantes ya no son estrictos ni santos; por todas partes se lee literatura cuestionable; se indulgen pasatiempos frívolos; y una laxitud general amenaza con privar al pueblo peculiar del Señor de aquellas sagradas singularidades que lo separan de los impíos.
Será un día triste para la iglesia y para el mundo cuando la propuesta amalgama quede consumada, y los hijos de Dios y las hijas de los hombres sean como uno solo; ¡entonces será introducido otro diluvio de ira!
Amado lector, sea tu anhelo en el corazón, en la palabra, en el vestir, en la conducta, mantener el muro ancho, recordando que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: Spurgeon Treasures — The distinction between the church and the world
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.