Necesidades suplidas por Dios

El nombre que salva a su pueblo de sus pecados

El nombre de Jesús encierra el don más precioso que la Iglesia puede recibir: él salva a su pueblo de sus pecados y reconcilia al alma con Dios.

De aquel vaso de alabastro lleno de perfume precioso se eleva el aroma más santo que perfuma a la Iglesia y al mundo entero, allí donde el nombre de Jesús es proclamado. Y ¿en qué reside el encanto, el poder y la dulzura de ese nombre bendito? En que él salva. «Llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». De cuantas luces resplandecen en nuestro Dios, ninguna supera esta: el Dios encarnado es mi Salvador. Todas las demás glorias quedan absorbidas en esta sola.

Si Jesús no fuera Salvador, nada sería para nosotros. Pero si podemos deletrear su nombre, aunque sea con la lengua más torpe de la fe, podemos reclamar con confianza todo lo que él es y todo lo que ha hecho. Muchos pronuncian con frecuencia ese nombre precioso, y sin embargo, doblando la rodilla, siguen siendo esclavos del pecado: nunca han experimentado en el alma el poder salvador que encierra ese nombre. Lo conocen de manera histórica, intelectual y teórica; pero no de manera personal, espiritual y salvadora.

Pero hay multitudes que le vieron, le oyeron y le siguieron, y aun así lo despreciaron y rechazaron; cuando llegó su fin, la esperanza que tenían fue la del impío Balaam: «Lo veré, pero no ahora; lo contemplaré, pero no de cerca».

Pero, alma mía, ¡cuánto debes a la gracia divina, libre y soberana! Para ti el nombre de Jesús es vida, gozo, paz y esperanza; el nombre más dulce en la tierra y en el cielo. No solo lo has oído, sino que has sido atraído a él con cuerdas de amor, hallando salvación en ningún otro nombre. Jesús te salva de la culpa del pecado con su sangre preciosa; te salva del poder del pecado quebrando su dominio; y te salva de la condenación, para llevarte a la vida eterna. No dejará incompleta su obra: traerá a su pueblo, comprado y lavado con su sangre, sano y salvo a la gloria.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: THE LORD MY SAVIOR

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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