«De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios». Juan 3:3
De esta manera solemne nos enseña nuestro Señor que ninguna forma exterior de religión bastará, sino que debemos ser renovados por el Espíritu de Dios y tener el corazón transformado, o no podremos entrar en el reino de Dios. ¿Cómo, entonces, pueden los hombres que se apoyan en su propia moralidad esperar ser salvos? ¿Acaso Cristo retirará su afirmación? Ciertamente no. Este tema merece seria atención, pues muchos son propensos a satisfacerse con la exención de faltas groseras o, a lo sumo, con un cumplimiento de deberes que puede ser compatible con un estado no regenerado. Pues todos han pecado, la conversión es necesaria para todos; y esta proviene de aquel cambio interior y espiritual al cual se refiere nuestro Señor cuando dice: «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios». Alma mía, ¿has experimentado este cambio? ¿Has sido vivificado para sentir tu condición perdida? ¿Has sido iluminado para ver las exigencias de la ley, las provisiones del evangelio y la gloria de Cristo? ¿Puedes decir: «Las cosas viejas pasaron, y todas son hechas nuevas»? Cuídate de un error aquí, pues todo depende de ello. No puede haber salvación sin un nuevo nacimiento, una nueva creación, una resurrección espiritual.
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — September 20
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.