«En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.» Génesis 1:1-2
«Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.» Efesios 2:10
Antes de poder crecer verdaderamente en santidad, debemos nacer de nuevo. ¿Cómo es posible que un hombre crezca en santificación sin que primero se obre un cambio real en su corazón? El modo del Espíritu es primero despojarnos de nuestra propia justicia y fuerza, mostrarnos nuestra desnudez y nuestra nada, llenarnos de un dolor piadoso por el pecado, y entonces conducirnos a Jesús para perdón, santificación y justificación. Siendo Cristo la vid, primero debemos estar unidos a Él, y sacar de Él nutrición y fuerza por la fe. Cuando se cumpla: «Apacentarán … y se echarán» en su dehesa, «y no habrá quien los espante» (Sofonías 3:13), entonces podremos llevar buen fruto y obtener victorias. Pues es Dios mismo quien así nos hace perfectos en toda buena obra y nos prepara una mesa en presencia de nuestros enemigos. Dios obra en nosotros, para que nosotros obremos nuestra propia salvación con temor y temblor.
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — June 19
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.