ABRAHAM
ABRAHAM
ATARDECER EN LOS MONTES DE MAMRE
"Entonces Abraham exhalo el postrer aliento y murio en buena vejez, anciano y lleno de anos; y fue reunido con su pueblo. Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpela, cerca de Mamre, en el campo de Efron, hijo de Zohar el heteo." Genesis 25:8-9
Comenzamos con el mas antiguo, y en muchos respectos el mas memorable, de todos los "atardeceres" sobre los collados de Canaan: la partida del ilustre Padre de la nacion hebrea, cuyo nombre es para los "hijos de Abraham" todavia su patrimonio mas preciado, la gran palabra familiar en su hogar esparcido por todo el mundo. Poco se registra en relacion con el mero cierre de la vida del patriarca. Como los atardeceres que sus ojos conocian en su propio cielo oriental, no tenemos aqui hora de crepusculo, ni sombras desvanecidas del anochecer. Otros lechos de muerte en el tiempo antiguo, como veremos, se hicieron notables por consejos santos: hijos y descendientes eran llamados a recibir la bendicion sagrada y a contemplar la ultima mirada del ojo que se apagaba. Todo esto es un vacio en el capitulo final de la historia de Abraham. Si Isaac habia estado al lado del lecho de su padre moribundo, escuchando testimonios de partida sobre la fidelidad de Dios, y en alguna nueva vision del "lejano" "dia" del Evangelio habia susurrado a su oido palabras de extasis profetico; si el vagabundo Ismael habia acudido presuroso desde sus "castillos" en el desierto (Gen. 25:16) para recibir y devolver la bendicion final; si el anciano Eliezer de Damasco estaba alli, fiel en la muerte como lo habia sido en vida, alzando sus manos marchitas en oracion al "Senor Dios de su amo Abraham": de todo esto ni una palabra se dice; ni siquiera se describe el lugar donde aquel gran orbe de Israel se apresuro a su ocaso. Todo nos induce a creer que debio de ser cerca de Mamre. Pero si en algun rincon apartado, con solo unos cuantos de su familia en torno, o en medio del rumor contenido de una "ciudad de tiendas", silenciada con reverencia y asombro bajo la sombra de la muerte, no se nos informa. El sencillo relato no nos dice mas que, en la sazon cumplida de ciento setenta y cinco anos, "entonces Abraham exhalo el postrer aliento y murio en buena vejez, anciano y lleno de anos; y fue reunido con su pueblo. Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpela, cerca de Mamre, en el campo de Efron, hijo de Zohar el heteo."
Y no carece de significado este silencio del biografo y del Espiritu de Dios. ¿No anuncia acaso la leccion, que reaparece sin cesar en las paginas siguientes, de que la vida, y no la muerte, es la parte trascendente de la historia humana? No medimos la solidez del navio por el modo en que entra al puerto resguardado, sino por como se enfrento a la tormenta en el oceano indefenso. No estimamos el valor del guerrero cuando regresa al fin del combate, debil y fatigado, sino por como se sostuvo en medio de la refriega, en el calor de la batalla. Son los capitulos iniciales y centrales de la biografia de un hombre los decisivos, y los que, en noventa y nueve casos de cada cien, determinan el caracter de la escena final. Puede, en verdad, reconfortar al enlutado escuchar a la hora de la muerte expresiones devotas de fe y esperanza; estas, en el caso de todos, son recuerdos sagrados que no se cambiarian por tesoro terreno alguno. Pero mas bien, con mucho mas gusto, volveriamos a la marcha pareja de un caminar constante con Dios.
Si el lecho de muerte es silencioso y sombrio; si el espiritu es arrebatado para encontrarse con su Hacedor en medio de los delirios; ¿que importan unas cuantas nubes que se reúnen al ponerse el sol? Mejor es la memoria de mansedumbre y gentileza, de paciencia y sumision, a lo largo de una vida celestial y luminosa. Mejor, sin duda, esto, que lo contrario: un cielo de vida azotado por la tormenta; el sol de la existencia abriendose paso entre nubes, y un breve destello aguado de sol en el ocaso.
Pero breve como es el registro de la muerte de Abraham, no carece de lecciones impresionantes. Tomemos clausula por clausula en el orden del registro inspirado.
"Entonces Abraham entrego el espiritu." "La palabra inglesa spirit", dice un critico y comentarista competente, "se supone derivada del anglosajon gast, 'un habitante —huesped—', y tambien 'espiritu'. En el uso popular se limita hoy al ultimo sentido. Pero la idea primitiva parece ser la de despedir al alma o espiritu como huesped del cuerpo." En este sentido etimologico, la referencia es particularmente hermosa. El espiritu de Abraham —su parte inmortal y mas noble— era "un huesped", un alojado o caminante en una tienda terrenal, morada perecedera. Su vida de tienda no era su vida de hogar. Era como un ave prisionera que anhela remontarse. Y ahora ha llegado el tiempo senalado: la jaula se abre; el inquilino alado queda libre. La tienda se desmonta, clavo por clavo, cuerda y estacas y lona; y el "huesped de una noche", abandonando el parche ennegrecido en el desierto —las brasas humeantes de su fogata— se apresura hacia "la tierra mejor":
"Su espiritu de un salto dejo la arcilla que lo estorbaba; su tienda al amanecer en el suelo yacia como ruina oscura." — Montgomery.
No hace mucho, un grupo de aldeanos alpinos estaba, a comienzos del verano, escardando sus cultivos cerca de su aldea natal. Sobre ellos se erguian montanas amontonadas, coronadas de picos dentados de nieve eterna. Al caer la tarde se oyo un sonido bajo, murmurante, aplastante, alto entre aquellos riscos; un sonido demasiado familiar para ser confundido por oidos experimentados. Era el terrible mensajero de la ira y la destruccion. Un fragmento de roca, desprendido de los riscos mas altos, se convirtio en nucleo y motor de la avalancha. Cayo el invasor terrible, barriendo todo a su paso y sepultando el punado de chozas en una ruina comun. Los aldeanos mismos escaparon ilesos. Desenredando sus muebles maltrechos de entre las vigas rotas de pino y las piedras, y agradecidos por su escape providencial, se trasladaron a la ladera opuesta del valle y levantaron de nuevo sus viviendas.
¡La muerte es esa avalancha! "¡A la hora que no pensamos!" Puede ser en una primavera sonriente, o en un verano radiante, o en un invierno canoso: cae, destruyendo todo lo bello y lo amable y lo hermoso, arrancando tiernas flores, brotes nacientes, parras enramadas, bosques antiguos, abrumando "la casa de nuestra morada terrenal" y dejandola un amasijo de muros ruinosos y maderas astilladas. Pero ¿que del habitante? ¿Que del habitante inmortal? La casa se disuelve, pero el inquilino esta a salvo. Se le prepara un nuevo hogar. El alma deja la armazon corporal destrozada y busca "la casa de Dios", "eterna en los cielos". La misma idea la expresa hermosamente un poeta cristiano de la tierra de Lutero en uno de sus himnos funerarios:
"Aqui, en una posada, moro un forastero; aqui, gozo y pena sintio por turno: pobre morada, ahora cerramos tu puerta, la tarea termino, ¡el peregrino no vuelve mas!
Ahora, dueno de un Hogar perdurable, parte a buscar un descanso mas hondo. El Senor lo trajo aqui; El lo llama, no te detengas: esta morada fue para un dia fugaz." — Sachse.
La mariposa de alas doradas se remonta desde su rota crisalida. La muerte, como el angel en el calabozo de Pedro, rompe las cadenas de la mortalidad, abre de par en par las puertas de la prision; y desde la tiniebla de la noche y el estrepido del terremoto, conduce al espiritu fuera, hacia el dia gozoso. ¡Ojala siempre lo viéramos asi: el exodo de la vida, la salida del alma de sus cadenas y su servidumbre hacia la tierra de reposo, libertad y paz!
"Murio en buena vejez, anciano y lleno de anos." Habra de llamarnos la atencion la tautologia aqui. Primero se da la edad del patriarca en el versiculo anterior: "Estos, pues, son los dias que vivio Abraham: ciento setenta y cinco anos" (ver. 7). Luego se anade que murio "en vejez", "en buena vejez", "anciano", "y lleno de anos".
La razon de esta redundancia de expresion habria sido mejor comprendida y apreciada por un judio que por nosotros. La economia del Antiguo Testamento se basaba en gran medida en bendiciones temporales. Estas se otorgaban como tipos y sombras y prenda de bendiciones espirituales mas altas. La ancianidad era una de ellas. La "sabiduria" se presenta en el libro de Proverbios con "largo de dias en su mano derecha". Y el salmista, al enumerar las bendiciones acumuladas sobre la cabeza del justo, dice: "El justo florecera como la palmera; crecera como cedro en el Libano... AUN EN LA VEJEZ DARAN FRUTO" (Sal. 92:12-14). "Las canas son corona de gloria que se halla en el camino de la justicia" (Prov. 16:31).
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: ABRAHAM — Parte 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.