Palabras diarias para los peregrinos de Sion

El ocuparse del Espíritu es vida y paz

La mente espiritual es bendita señal de la gracia regeneradora: levanta el corazón hacia Cristo a la diestra de Dios y es vida y paz, mientras que la mente carnal trae condenación y muerte al alma.

Una de las más benditas señales de la gracia regeneradora y el seguro fruto del amor de Dios derramado en el corazón, es esa mente espiritual de la cual declara Pablo que es "vida y paz." "Ocuparse del Espíritu", vivir y andar bajo el bendito poder e influencia del Espíritu Santo, tener el corazón y los afectos levantados de esta pobre y vana escena hacia donde Jesús está sentado a la diestra de Dios, esto es "vida", la vida de Dios en el alma, con toda su bienaventuranza presente y toda su gloria futura, y "paz", porque solo en esta senda de unión y comunión con un Redentor glorificado se hallan la paz y el reposo.

En esta dulce espiritualidad de mente, en estos afectos celestiales y en esta comunión con el Señor desde su propio trono de gracia, consisten en gran parte la vida y el poder de la piedad. Confiamos conocer, por lo que hemos sentido en nuestro propio pecho, lo que es esta dulce mente espiritual y cuáles son sus benditos efectos. Es llave que abre las Escrituras, pues entonces las leemos bajo la misma sagrada influencia y por la misma divina enseñanza con que fueron escritas; es puerta de oración, pues bajo estos afectos calmados y pacíficos el alma, como instintiva y necesariamente, busca santa comunión con Dios; es madre fecunda de dulce meditación, porque entonces la verdad de Dios es pensada, comida y hallada por pan del cielo; es el secreto de toda vida y poder en la predicación, pues a menos que el corazón se halle comprometido, derretido y enternecido por la verdad expuesta, habrá una dureza en la exposición que el oyente vivo sentirá de modo sensible; y es el poder de toda conversación espiritual, pues ¿cómo habremos de hablar con unción o provecho si no somos espirituales, y si no estamos en ese estado del alma en el cual las cosas de Dios son nuestro principal elemento, el lenguaje de nuestros labios porque son el deleite de nuestra alma? Pero lo contrario, el ocuparse de la carne, de rodillas, con la Biblia abierta ante los ojos, en la casa de oración, en la mesa del Señor, en la compañía de la familia de Dios, ¡qué carga para el espíritu, qué condenación para la conciencia, qué madre de duda y temor sobre si las cosas pueden estar bien entre Dios y nuestra propia alma, cuando hay tal distancia entre él y nosotros!

Es verdad que los más eminentes santos y siervos de Dios tienen sus estaciones muertas y oscuras, cuando la vida de Dios parece haber bajado a tan bajo flujo que apenas se percibe, tan escondida está la corriente por los fangos de su naturaleza caída. Con todo, fluye adelante, alrededor de ellos, si no a través de ellos; y a veces un rayo de luz cae sobre ella desde lo alto mientras se abre camino hacia el océano del amor eterno, lo cual manifiesta no solo su existencia sino su curso, y que devuelve al cielo el rayo que del cielo recibe. No, por estas mismas estaciones oscuras y muertas, los santos y siervos de Dios son instruidos. Ven y sienten lo que realmente es la carne, cuán ajena a la vida de Dios; aprenden en quién reside toda su fuerza y suficiencia; se les enseña que en ellos, esto es, en su carne, no mora el bien; que ningún esfuerzo propio puede mantener en fuerza y vigor la vida de Dios; y que todo lo que son y tienen, todo lo que creen, saben, sienten y gozan, con toda su capacidad, utilidad, dones y gracia, fluye de la pura y soberana gracia, de la rica, libre, inmerecida y, sin embargo, incesante bondad y misericordia de Dios. Aprenden en esta dura escuela de la experiencia dolorosa su vaciedad y su nada, y que sin Cristo en verdad nada pueden hacer. Así se revisten de humildad, esa vestidura hermosa y conveniente; cesan de su propia fuerza y sabiduría, y aprenden experimentalmente que Cristo es y debe serlo siempre, todo en todos para ellos y todo en todos en ellos.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: May 7

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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