Es prerrogativa especial de Dios sacar bien del mal y orden del caos. Si observaras con cuidado, desde un observatorio astronómico, los movimientos de los planetas, los verías a todos en el mayor desorden aparente. A veces parecerían avanzar, a veces retroceder, y a veces no moverse en absoluto. Estos movimientos confusos y contradictorios intrigaron penosamente a los astrónomos, hasta que sir Isaac Newton lo explicó todo; entonces todo se vio como la más hermosa armonía y orden, donde antes había la más desconcertante confusión.
Pero tomemos un ejemplo escritural, el más alto y grande que podemos dar, para mostrar que donde, a la apariencia exterior, todo es desorden, allí reinan la mayor sabiduría y la voluntad más determinada. Contemplemos la crucifixión de nuestro bendito Señor. ¿Casi no puedes ver la escena tal como está pintada en la palabra de verdad? Mira a aquellos sacerdotes intrigantes, aquella multitud enfurecida, aquellos soldados rudos, aquel gobernador romano vacilante, los discípulos pálidos y aterrados, las mujeres que lloran, y, sobre todo, el inocente Sufriente con la corona de espinas, soportando aquella última escena de dolor singular, que hizo temblar la tierra y retirar su luz al sol. ¡Qué confusión! ¡Qué desorden! ¡Qué culpa triunfante! ¡Qué inocencia oprimida y vencida!
Pero ¿era realmente así? ¿No había aquí sabiduría ni poder de Dios cumpliendo, aun por la instrumentalidad de la maldad humana, sus propios propósitos eternos? Oíd su propio testimonio sobre este punto: «A éste, entregado por determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, vosotros matasteis, crucificándole por manos de inicuos» (Hch. 2:23). El «determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios», en la grande y gloriosa obra de la redención, se cumplió por las manos inicuas del hombre; y si así fue en este, el peor y más inicuo de todos los casos posibles, ¿no se ejecuta también ahora la misma voluntad eterna en casos de naturaleza semejante, aunque a nosotros menos visibles por ahora?
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: September 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.