"Yo seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso." 2 Corintios 6:18
Me levantaré e iré a mi Padre, y le diré —
PADRE MÍO, que siempre velas y guardas a tus hijos, extiende esta noche tus alas cobijadoras en torno a mí. Tú has estado conmigo a lo largo del día, defendiéndome del peligro, guardándome de la tentación que me rodea, sosteniéndome con las bendiciones de tu bondad. Estate cerca de mí durante las horas inconscientes del sueño. Ven y susurra tu propia dulce nana: "El que te guarda no se adormecerá. He aquí, el que guarda a Israel no se adormecerá ni dormirá."
El pasado está lleno de recuerdos de tu bondad paternal. Ningún padre terrenal podría haber actuado con su hijo como Tú has hecho conmigo: compadeciéndote de mis debilidades, condoliéndote de mis fragilidades, consolando mis pesares. ¡Cuán pobre e inadecuado ha sido mi correspondencia! ¡Cuántas veces he resultado una caña magullada y quebrada, doblándome ante el viento, cediendo a las seducciones del pecado y a los asaltos del tentador, resistiendo tu gracia, contristando tu Espíritu! He sido un pródigo obstinado, descuidado del deber y de la obediencia filial, propenso a olvidar el hogar de tu amor y sus sagrados y pacíficos recuerdos. Padre, he pecado contra el cielo y delante de ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Sin embargo, a pesar de mi desobediencia, mi rebelión y mi alejamiento, no me has dejado perecer de hambre. Aún hay perdón contigo, para que seas temido. Tienes en generosa guarda el vestido, el anillo y el calzado; sobre todo, la voz de la gozosa bienvenida. Las palabras de hoy hacen sonar sus campanadas llenas de gracia en mis oídos, como lo han hecho con multitudes en siglos pasados: "Yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas."
Es por Jesús, el divino Hermano Mayor, que se conceden esta bienvenida y este júbilo. Le miro como mi único Salvador. Él es todo lo que necesito, vivo o muerto, para el tiempo o para la eternidad. Quiera yo vivir como quien estaba muerto y ha revivido, como quien estaba perdido y ha sido hallado. Hazme más obediente a Ti. Profundiza en mí el afecto filial. Transfórmame por el poder de tu Espíritu Santo a la imagen y semejanza de Cristo. No permitas que te deshonre con la incredulidad, ni que desconfíe de tu fidelidad. Un padre terrenal puede equivocarse; un Padre celestial no. Si a veces me turban presentimientos ansiosos, quiera yo saber que, por más variadas que sean mis experiencias, puedo mirar al futuro sin desmayo, con tal Guía, Protector y Amigo. Lo que para mí es desconocido, para Ti es conocido. Que el pensamiento de una mano de Padre, de una voz de Padre, y tal vez aun de una vara de Padre, refrene todos mis temores y aquiete todas mis inquietudes.
Orro por mis amados amigos. Ponlos como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo. Quiera todos nosotros vivir bajo el espíritu y la influencia de tu divina ley del amor.
Extiende tu compasión paternal a tus hijos e hijas de dolor. Quieran ellos ser llevados a ver y reconocer que tus tratos están templados con tierna gracia. Tú detienes tu áspero viento del norte en el día de tu viento del este. Cuando no podemos rastrear tus misteriosos pasos, quiera nosotros confiar implícitamente en tu corazón amoroso. Cuando recordamos que nos has dado, en la encarnación y muerte de tu amado Hijo, la mayor prueba de bondad que la Omnipotencia puede conceder, quiera esto aquietar todos nuestros murmullos y afinar nuestros labios temblorosos para la confesión: "Padre, no mi voluntad, sino que se haga tu voluntad."
Miro a Ti de nuevo por tu grata bendición. Quiera yo escuchar de nuevo tu especial susurro de amor: "Yo seré para vosotros por Padre." Quiera yo disponerme al descanso bajo la dulce seguridad de que Tú, Señor, me sostienes; y así, cuando despierte, estaré aún contigo.
"PADRE mío que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Perdona nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malo."
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: Sixth Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.