El designio de lo que sigue es claro. Consiste en elevar nuestros pensamientos respecto a las bendiciones que Cristo nos ha obtenido, comparándolas con el mal que sobrevino tras la caída de nuestro primer padre; y mostrando que estas bendiciones no solo se extienden a la remoción de esos males, sino mucho más allá. Adán, al pecar, su naturaleza se hizo culpable y corrompida, y así pasó a sus hijos. De este modo, en él todos pecaron. Y la muerte es por el pecado; pues la muerte es el salario del pecado. Entonces entró toda esa miseria que es el debido castigo del pecado: muerte temporal, espiritual y eterna. Si Adán no hubiera pecado, no habría muerto; pero fue pronunciada sentencia de muerte, como sobre un criminal; pasó a todos los hombres, como una enfermedad contagiosa que nadie escapa. Como prueba de nuestra unión con Adán y de nuestra participación en su primera transgresión, obsérvese que el pecado prevaleció en el mundo durante muchos siglos antes de la entrega de la ley por medio de Moisés. Y la muerte reinó en aquel largo tiempo, no solo sobre los adultos que pecaron voluntariamente, sino también sobre multitudes de infantes, lo cual muestra que habían caído en Adán bajo condenación, y que el pecado de Adán se extendió a toda su descendencia. Él fue figura o tipo de aquel que había de venir como Fiador de un nuevo pacto, por todos los que están unidos a él.
La gracia de Dios, por la justicia de Cristo, tiene más poder para traer salvación que el pecado de Adán tuvo para traer miseria
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Romans 5:12-14
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.