Una vida que resplandece

El pecado de no hacer el bien

Jesús muestra en el Juicio Final que la condenación no recae solo sobre el mal cometido, sino también sobre el bien que dejamos de hacer por quienes sufren.

"Entonces el Rey dirá a los de su derecha: 'Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo; porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí.' Entonces los justos le responderán diciendo: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero y te recogimos, o desnudo y te vestimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?' Y respondiendo el Rey, les dirá: 'De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.'" Mateo 25:34-40

El amor siempre da. Si no da, no es amor. Siempre se mide por lo que está dispuesto a dar. Las necesidades de otras personas son, por tanto, mandamientos divinos para nosotros, que no nos atrevemos a pasar por alto ni a desobedecer. Negarse a bendecir a un hermano que está ante nosotros en cualquier clase de necesidad es un pecado tan grande como quebrantar uno de los mandamientos del Decálogo.

Nos gusta pensar que no hay pecado en la mera omisión. Pero Jesús, en su maravilloso cuadro del Juicio Final, hace que la condenación de los hombres dependa de no hacer las cosas que debieran haber hecho. Simplemente no han dado de comer al hambriento, ni vestido al desnudo, ni visitado al enfermo, ni bendecido al preso.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: SINS OF OMISSION

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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