Nos gusta pensar que no hay pecado en el simple «no hacer».
El amor siempre da. Si no quiere dar, entonces no es amor. Se mide siempre por lo que está dispuesto a dar. Las necesidades de otras personas son, por tanto, mandatos divinos para nosotros, que no nos atrevemos a desoír ni a desobedecer. Negarse a ayudar a un hermano que está ante nosotros en cualquier tipo de necesidad, es un pecado tan grande como quebrantar uno de los mandamientos del Decálogo.
Pero Jesús, en su maravilloso cuadro del Juicio Final, hace que la condenación de los hombres dependa de no haber hecho las cosas que debían haber hecho. Simplemente no dieron de comer al hambriento, ni vistieron al desnudo, ni visitaron al enfermo, ni bendijeron al preso.
«Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles; porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.»
«Entonces ellos también le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?»
«Entonces él les responderá, diciendo: De cierto os digo, en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.»
«E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.» Mateo 25:41-46
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: We like to think there is no sin in mere 'not doing'
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.